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23 ago 2017, a las 16:11 h
Las historias gays, también en la literatura para chicos

El libro precursor en el tema se había publicado en Estados Unidos en 1972. William’s Doll (La muñeca de William), de Charlotte Zolotow contaba la historia de un nene que quería una muñeca. Tan simple y abrió un camino.

Uno, porque en realidad son varios: hay libros en los que los chicos tienen dos mamás o dos papás y otros en los que son ellos quienes ponen en juego la cuestión de la orientación sexual y, en menor cantidad, la identidad de género.

El camino fue largo: el original de Paula tiene dos mamás salió en inglés, se llamaba Heather has two mommies y lo había escrito la estadounidense Leslea Newman en 1989. No ahorró conflictos: Paula llora cuando se da cuenta de que no tiene papá.

La idea, cuenta la autora en el epílogo, se le ocurrió cuando una amiga suya que compartía la vida con otra mujer le habló de un problema con la nena que habían adoptado: “No podremos leerle a nuestra hija ningún libro que muestre familias como la nuestra”, le dijeron. “Alguien debería escribir alguno”.

Newman se sintió interpelada: “Yo soy ese alguien”, pensó. Se había identificado con ellas por un lugar singular: su familia era judía y ella no veía nada de sus costumbres en los libros que leía. Así que escribió el libro: cincuenta editoriales se lo rechazaron. Pidió plata en la comunidad gay, quienes quisieran ver el libro publicado eran invitados a aportar diez dólares. Juntó cuatro mil. Al años siguiente una editorial, Alyson Publications, creó una colección para hijos de gays y lesbianas. Paula … estuvo entre sus primeros títulos. El otro fue Daddy’s rommate (El compañero de papá), de Michael Willhoite.

Mucha agua pasó bajo ese puente: país tras país, se aprueba el matrimonio entre personas del mismo sexo. En Argentina, se reconoce a chicos con dos padres o dos madres e incluso con dos madres y un padre y salió la ley de identidad de género. La literatura, era de esperar, acompaña ese proceso.

“El boom a nivel mundial de este tipo de literatura comenzó cerca del año 2000, mientras que a nivel latinoamericano lo hizo diez años después”, dice Gabriela Larralde, autora de Los mundos posibles, un libro donde releva y analiza cómo aparecen las familias y las identidades no heterosexuales en la literatura para chicos. Porque a veces se trata de jóvenes homosexuales, a veces sólo de un nene que se disfraza y al que le cae encima, en forma de risa o de enojo, todo el peso de la cultura; a veces de un adolescente que duda.

En la Argentina, cuenta Larralde, el camino lo abrió La señora Planchita y un cuento de hadas pero no tanto, de Graciela Cabal, publicado en 1988. Ahí se trata de una familia “muy normal” en la que la nena es “un poco, un poquito, un poquitito …. varonera”. Simplemente. En Pateando lunas, del uruguayo Roy Berocay, publicado en 1996, la nena juega al fútbol.

Son pocos los libros donde se ve una marcada inclinación de la sexualidad del niño, cuando hay un personaje homosexual es el adulto”, dice Larralde. Aunque da cuenta de algún caso, como Ito, del cubano Luis Cabrera Delgado (1996), donde a un niño “delicado y fino” le cantan “Juanito, Juanita, Ito, mariquita”.

Esos libros ya no son excepciones. Larralde destaca El vestido de mamá, de Dani Umpi, en el que un nene se deslumbra con el un vestido de su madre y termina poniéndoselo y yéndose, así vestido, a jugar con otros, que se burlan de él. Pero lo que quiere el nene es jugar con el vestido ahora y después lo hará con soldaditos.

La cordobesa María Teresa Andruetto escribió El anillo encantado, donde el emperador Carlomagno está muerto de amor por Ifigenia, que muere. Y pasa el tiempo y su amor sigue intacto. Tanto que en el reino se preocupan y mandan al Arzobispo a revisar el cadáver: encuentra que tiene un anillo. Cuando el Arzobispo toma el anillo, Carlomagno se enamora de él. Y luego, del asistente que recibe el anillo. Y de la gitana a quien se lo entrega el asistente. Y así.

A veces se trata de esquivar prejuicios sobre una manera de vestirse o el gusto por ciertas actividades, como el baile. A veces, se apunta a la elección del objeto amoroso, como en Rey y rey, de las holandesas Linda De Haan y Stern Nijland, donde el príncipe que se enamora de otro príncipe. O en Marta y la sirena, de Luisa Guerrero, donde el amor es entre la chica y la sirena.

Larralde empezó a bucear en el tema a partir de la aprobación del matrimonio igualitario. Se preguntó qué pasaba con los productos culturales alrededor de una práctica que, obviamente, ya existía. Encontró que en la literatura infantil los roles de género eran muy tradicionales: “Se marcaba qué era de varón y qué de mujer, si había un personaje dominante era varón, si un personaje lloraba era una niña. También era tradicional cómo se vestían, hasta qué colores aparecían cerca de ellos. En literatura LGTBI vi que esos estereotipos se desarmaban y se armaban otros”.

-¿Los libros de temática gay tienen una intención didáctica?

-Algunos sí. Algo así como: “Esto es lindo, está bien”. En uno, una familia de dos padres, los dos trabajan, los dos están bien vestidos, no retan a los chicos, no hay discusiones, nadie mira televisión. Un mundo feliz. Como si dijeran: “Si te tocó tener dos papás, todo lo demás va a estar bien”. En uno, que se llama Se pegaron los fideos, los padres son parecidos, es todo perfecto. El conflicto son los fideos.

–Notaste otras construcciones …

–Por ejemplo, si había un personaje no heterosexual, era un varón. Pero si era una familia, el 87% eran dos mujeres. ¿Porque naturalmente una de las dos puede ser la gestante? ¿Porque la mujer está más asociada al cuidado de los niños?

En 2012 se creó en nuestro país la editorial Bajo el Arco Iris, que sólo tiene sus textos en Internet, con descarga gratuita, y edita “cuentos y relatos ilustrados cuyos temas principales son el amor entre personas del mismo sexo, el matrimonio gay, la adopción homoparental y la identidad de género”. La hacen, por amor al arte y porque creen que la palabra sana, unos quince escritores e ilustradores menores de 25 años: ya sacaron diez cuentos y una novela y sus textos se han publicado en España y en Bulgaria.

Príncipes que se casan con príncipes, princesas que besan ranas, deshacen un hechizo y la rana se vuelve una mujer de la que se enamoran, dos mamás, dos papás y hasta dos pingüinos. ¿A quién está dirigida esta literatura? “Según el censo de 2010 –dice Larralde– hay 7600 chicos escolarizados que viven con dos mamás o dos papás. Ese chico convive con veinte, treinta compañeritos en la escuela. Docentes, padres, chicos, conviven con esa realidad aunque en su casa no haya dos papás o dos mamás. Lo digo para salir de la idea de que son libros sólo para quien está en la situación. ¿Quién no?”

Pruritos y un campo que se va a abriendo

Con los libros de temática gay, dice la editora María Fernanda Maquieira, de Santillana, “hay algunos pruritos entre algunos docentes a la hora de pedirlos en colegios. Para los jóvenes hay mucha más naturalidad.”.

Laura Leibiker, de Norma, cuenta: “De a poco, los textos que nos llegan contemplan nuevas conformaciones familiares y personajes con variadas inclinaciones sexuales. Hace unos años publiqué un libro con un personaje travesti: me encantó la historia, me conmovieron los personajes. No percibo una demanda amplia, pero estoy segura de que cada vez habrá mayor variedad de personajes y tramas”.

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