AMOR Y MIEDO: LA AUTOCONCIENCIA EN FROZEN I Y FROZEN II
Noches de jardín

AMOR Y MIEDO: LA AUTOCONCIENCIA EN FROZEN I Y FROZEN II

El presente artículo constituye el desarrollo de la interpretación de la autoconciencia en los largometrajes de Frozen I y Frozen II. Para ello, se analizarán ambas obras de la mano de varios autores y tradiciones filosóficas.

Mario Beltrán Granado | 12 sep 2020

   

    Mientras veía la segunda no podía parar de pensar en el tema de la autoconciencia y tejerlo con cada uno de los símbolos que se presentan en ella. Como diría Zambrano: «Los símbolos se tornaron en pensamientos claros y a los misterios sucedieron las ideas».1  De este modo, al ver la primera de nuevo después de tantos años, esa interpretación —antes oculta para mí— se mostró en relación con su secuela y me fue posible conformar una interpretación entre ambas, como si pudiese ahora retirar un velo de la primera y descubrir un nuevo significado. Así pues, si bien es cierto que Frozen I se puede concebir de forma independiente, considero que esto no ocurre si se toma desde la interpretación de la autoconciencia, pues necesita de Frozen II para verse desarrollada en su totalidad. Es en la unidad que forman ambas donde el viaje interior de Elsa alcanza su plenitud. 

 

    Por último, cabe señalar que este ensayo es fruto de una interpretación personal desde la cual yo he visualizado ambas películas. Como decía Umberto Eco: una historia «es una máquina de generar interpretaciones».2 He aquí el fantástico poder de las historias: su capacidad de resonar en las personas de formas distintas. Por ejemplo, he leído también lecturas políticas que se han hecho acerca de Frozen II —muy acertadas, en mi opinión— que, como ya he mencionado, contribuyen a enriquecer la obra. Habiendo expuesto tales puntos, comienzo.

 

1-El viaje de Elsa: el yo narrativo a color

 

    He aquí la protagonista de la gran odisea autoconsciente: Elsa, la «reina mágica» de Arendelle. Ella es el vehículo de esta cuestión filosófica a lo largo de las dos películas, y esto lo muestra la estética del color. Predominan en los paisajes y en las situaciones colores fríos como el azul y el blanco, tan ligados al hielo y a la nieve. Además, también se juega mucho con la opacidad y la transparencia como representación de los estados internos de Elsa. 

 

   Pondré tres ejemplos. En primer lugar, el interior del castillo. Tras haberle Anna contado a Elsa que ha desencadenado un invierno eterno en todas partes, Elsa la expulsa y vemos cómo, llena de angustia, camina dando vueltas (lo que refuerza la percepción de ese patrón mental y de miedo en que está atrapada) y se repite a sí misma: «Contrólalo. No has de sentir, no has de sentir». Este sentimiento tiñe el interior del castillo de rojo, las paredes se van congelando más y haciéndose más opacas y de ellas comienzan a salir pinchos afilados que apuntan a Elsa. En este espacio tenemos también el amarillo, en otra escena poco después, cuando los guardias atacan a Elsa y ella está en completa alerta para protegerse. Como segundo ejemplo, pondré la ventisca del final de Frozen I, donde ella experimenta el mayor terror al ser perseguida y saber que Anna no ha vuelto de las montañas. Todo el fiordo se ha congelado, el viento derriba barcos estancados en el hielo y la nieve imposibilita cualquier visibilidad porque Elsa no ve nada más allá de su miedo. Como tercer ejemplo está la magistral escena final de Frozen II, de la que hablaremos después, y en la que la luz ha tornado el hielo cristal: todo ha sido revelado y Elsa está llena de confianza y amor.

 

   Lo visual actúa aquí como una herramienta más para potenciar ese protagonismo simbolista de Elsa. El verano se ve bruscamente interrumpido por la llegada de un invierno opaco que trae consigo ventiscas y, sobre todo, aventuras que narrar. ¿Quién ha provocado esto? Elsa. ¿Qué hace el color para reafirmarlo? Dirigir casi toda la atención narrativa a su figura, por lo que su subjetividad emocional pinta ambos largometrajes. Incluso centrándose Frozen I en Anna buscando a Elsa, el viaje de la hermana menor es a través de montañas nevadas y páramos helados, tan asociados, además, al aspecto y la personalidad de Elsa, que despunta respecto a los demás. El yo narrativo cartesiano siempre está presente y esto no es una casualidad, pues quien nos interesa principalmente en esta interpretación filosófica — quien la protagoniza— es Elsa, por mucha importancia que vaya a tener Anna también. El color, al destacarla a Elsa, destaca su trama autoconsciente sobre las demás.

 

 

   Así pues, podemos hallar el simbolismo en cada detalle de estas dos obras, desde el uso del color y la iluminación, pasando por los más desapercibidos gestos y frases, hasta los personajes de Anna y Elsa, quienes respectivamente son el amor y, por supuesto, la conciencia.

 

    A lo largo de todo el ensayo voy a utilizar el término «conciencia» refiriéndome mayormente a «autoconciencia», por una cuestión de economía lingüística y porque creo que, al final, la línea que las separa puede dar juego a sus tan interesantes connotaciones colectivas. Por esto mismo, es conveniente recordar los términos «conciencia» y «autoconciencia». Si bien algunos autores meten el segundo dentro del primero, yo suelo separarlos en cuanto que «conciencia» alude a esa capacidad animal de tener conocimiento del entorno y de los demás, casi como un instinto de supervivencia. Autoconciencia, en cambio, es la capacidad exclusiva e innata del ser humano de verse a sí mismo respecto al mundo, tomando conciencia de su propio ser, de su conducta, de sus pensamientos y sentimientos y de su relación con el mundo. Haciendo uso de una metáfora teatral, en la conciencia uno está sentado en una butaca mientras que ve lo demás en el escenario y en la autoconciencia uno está en la butaca y también viéndose en el escenario, por lo que adopta la condición de objeto a la vez que la de sujeto.

 

    Sin embargo, este ensayo no trata sobre cómo Elsa adquiere la autoconciencia, pues se entiende que, como ser humano, ya la tiene —al igual que cualquier otra persona que aparezca en la película— . No se trata, por tanto, del despertar autoconsciente que podríamos ver en los anfitriones de la serie Westworld, sino de la profundización en esa autoconciencia, del camino revelador del alma en su propia comprensión de sí misma. Un ejercicio que muestra la curación de las heridas propias —y, en cierta manera, de las colectivas— a través de ese autoconocimiento que permite a su portador ver más cosas y más allá que los demás. El viaje de un trabajo personal interno que parte de la más represiva oscuridad para culminar en la más transparente luz.

 

 

2-La identidad construida en base a un trauma

 

    Habiendo establecido a Elsa como foco de la autoconciencia, empecemos por el principio: Frozen I. Si bien es cierto que la segunda película se centra más en el tema filosófico, esta primera establece las bases para que en la secuela se resuelva con plenitud. Vemos los primeros estadios de Elsa, aquellos que la llevarán a las puertas del autoconocimiento, listo para ser narrado con detalle en Frozen II. Estos pasos previos llevan consigo las palabras de «represión» y «falsa liberación», «amor» y «miedo», siendo estos últimos dos constantes clave en ambos largometrajes.

 

    La primera escena que vemos de las dos hermanas juntas es un momento de ternura, una mirada compartida y cómplice que muestra ya desde el principio lo unidas que están. El mítico «¿Hacemos un muñeco de nieve?» las lleva a jugar de noche y Anna le pide que haga su magia. Elsa sonríe a la propuesta y en esta interacción vemos cómo ambas hermanas conciben el poder de Elsa de una forma positiva, lúdica y maravillosa. Y es esta misma idea, este autoconcepto que tiene Elsa, lo que le permite utilizar su don sin límite y llenar la sala de nieve brillante y cubrir el suelo de un hielo suave. Ellas juegan, ríen y construyen por primera vez a Olaf, símbolo de su amor. Hasta que pasa la tragedia.

 

 

    En un momento en que Elsa no sabe cómo manejar un juego de saltos, sin querer dispara a Anna un haz de hielo a la cabeza y esta cae inconsciente. Elsa empieza a hiperventilar y corre a abrazar a su hermana. Llama a sus padres desesperada y el miedo toma las riendas de su magia, volviendo el hielo opaco y agresivo, destruyendo a Olaf y casi bloqueando la puerta por la que entran sus padres. Lo primero que Elsa escucha de su padre es rechazo: «¡Elsa, pero ¡qué has hecho! ¡Se te ha ido de las manos!». Después, cuando acuden a Gran Pabbie, el troll chamán les explica que ha tenido «Suerte que no ha sido en el corazón, pues no es tan sencillo de cambiar», y que recomienda eliminar todo recuerdo de la magia pues, aunque hay belleza en ella, también hay peligro y debe aprender a dominarla. Y entonces el rey, como una sentencia lapidaria, dice: «Hasta entonces, cerraremos las puertas».

 

    Para Elsa, todo cambia de golpe. Su poder deja de verse como algo maravilloso y pasa a ser una maldición que la destruye a ella y a quienes ama. Y no olvidemos que el muñeco de Olaf se había destruido. La relación entre ambas hermanas se corta. La infancia de Elsa ha terminado.

 

 

3-Una vida de represión

 

   Para proteger a Elsa, proteger a los demás y darle tiempo para que ella aprenda a dominar su poder, el rey Agnarr y la reina Iduna optan por aislarla y privarla de cualquier tipo de socialización. Le entregan unos guantes para que oculte sus manos mágicas y le dicen: «No has de sentir, no han de saber».

 

    Por supuesto, esto es totalmente contraproducente. Lo ideal habría sido tranquilizarla y, desde el amor, haberle enseñado que su don no es malo y que, estando todos juntos, ella podría aprender a manejarlo en libertad y usarlo de la forma sana en que había hecho hasta ahora. Sin embargo, sus padres desconocen otras vías y, en su ignorancia, toman la que mejor creen que va a funcionar pero que en realidad es la menos aconsejable y que tanto daño le va a hacer a su hija. Probablemente, la cultura de 1839 —año en que se ambienta Frozen I— tampoco fuese muy tolerante con la magia, lo que constituiría otra causa para la decisión de los padres. Es cierto que Elsa podría años después haberles guardado rencor por encerrarla, pero no lo hace y acepta su pasado. Esto es algo bueno, pues habría sido otro obstáculo a superar en su viaje autoconsciente.

 

    Elsa pasa a concebirse a sí misma desde muy niña como algo malo y venenoso, la causante de que las puertas del castillo se hayan cerrado y su hermana se haya quedado sola. Además, su magia crece y ella se angustia por no poder controlarlo. ¿Qué ocurre en la mente de una persona que conoce su identidad únicamente desde una imposibilidad y un daño? Todo amor, empezando por el propio, desaparece, se hiela. Y esto ya alcanza otro grado cuando sus padres mueren en el mar y el dolor y la soledad se agravan.

 

    Llega el día de su coronación y debe abrir las puertas para mostrarse al mundo, con todas las expectativas que eso conlleva («Un paso en falso y se echará a perder»). El miedo crece hasta el punto de explotar y su magia con él. Comienzan los murmullos, las miradas y los juicios: la incomprensión y el rechazo. «¡Brujería!», dice el duque de Weselton, personaje al que volveremos en seguida. Elsa les pide a los demás que no se acerquen, pues no les quiere hacer daño, pero no puede controlarlo. Así que hace lo único que se le ha enseñado durante toda la vida: huir. Huir lejos. Huir a la soledad. Como el místico medieval que la sociedad ha repudiado por su conciencia, como el monje que medita en las más altas cumbres, Elsa se exilia.

 

    Atrás deja un reino completamente helado. «¡Nos ha echado una maldición!», dice el duque de Weselton, quien representa el grado más elevado de inconsciencia y miedo irracional. Qué similar se me hace esto a lo que ha pasado a lo largo de la historia con aquellas personas altamente conscientes que quisieron compartir sus experiencias internas con los demás. Muchos los tacharon de brujos y locos, pues el miedo a lo desconocido podía con ellos. Y así, sintiéndose uno rechazado, la única opción posible era marcharse.

 

 

4-Let It Go

 

     Llega un gran momento para Elsa. Un momento de liberación y asunción de su poder. Tal y como dijeron los compositores de las canciones de ambas películas, Let It Go supone «una rebelión». Habiendo sido descubierta y rechazada decide dejar atrás la sociedad (Don’t let them now / Well now they now! / […] / I don’t care what they are going to say), escalar la montaña más alta y lejana (Not a footprint to be seen) y abrazar la soledad como un nuevo ser.

 

    (The wind is howling like this swirling storm inside / […] / Let the storm rage on). Sus emociones gritan y luchan en ella como una contradicción, pero Elsa ya no se contiene. Ahora que no está sujeta a la opinión ajena ni al miedo a ser descubierta (And the fears that once controlled me / Can’t get to me at all), decide soltar aquello que la ata y dar rienda suelta a todo que hay en su interior (It’s time to see what I can do / to test the limits and break through).

 

    Es interesante subrayar el hecho de que, en un momento, Elsa dice: It’s funny how some distance / Makes everything seem small. La conciencia es una capacidad muy ligada al sentido de la vista, especialmente si se interpreta desde la «visión interna», ese ojo que permite ver más de lo que a primera vista se ve. La conciencia supone un cierto distanciamiento, el preciso para que, desde la butaca al escenario, se pueda comprender el objeto a conocer.

 

    (My soul is spiraling in frozen fractals all around / […] / And I’ll rise like the break of dawn). Dentro del castillo, Elsa se transforma. Son muy importantes las dos transformaciones que experimenta en su viaje, siendo esta la primera y la segunda durante Show Yourself, ambas reflejo de su yo interno. Cuando lleguemos a esta segunda transformación hablaremos de cómo se refleja aquí la concepción necesariamente variable del yo de David Hume En este caso, Elsa arroja la corona, suelta su pelo en una trenza y se viste de hielo. (Here I stand in the light of day).

 

    Elsa «parece» haber encontrado su lugar. Su vida de represión «parece» haber terminado al abandonar su pasado y liberarse de él. Sin embargo, ¿desde dónde se ha liberado: desde el miedo o desde el amor? ¿Cuál de las dos es la liberación genuina? Además, uno podría interpretar la construcción del castillo como símbolo de la conciencia y la transformación de Elsa como culminación de su proceso autoconsciente. Pero… ¿es esto así?

 

4.1-¿Liberación?

 

    Es cierto que para Elsa esto es un momento de independencia y ascenso. Pero su aparente empoderamiento enmascara el miedo del que nace. Lo que la ha llevado hasta ese punto es una huida de la sociedad. Así pues, cuando la sociedad va hasta ella (Anna por un lado y los guardias que la apresan por otro), ese empoderamiento desaparece y se encuentra de nuevo arrastrada por el pánico y el descontrol. No ha surgido desde dentro porque la herida de la infancia no se ha curado.

 

    Sin esta libertad ni empoderamiento, el progreso en la autoconciencia sigue dormido. Elsa ha repetido la conducta que sus padres tuvieron con ella. Del mismo modo que ellos (inconscientemente) no le brindaron una oportunidad para conocerse al encerrarla, Elsa no se brinda la oportunidad de conocerse al huir. Y a gusto en la soledad como se siente, cree que podrá conocerse a sí misma. Cae, así, en el error de Descartes.

 

 

4.2-Poiesis y Mímesis

 

    En el pensamiento de Descartes, quien dudaba de todo menos de su propia existencia, se desprecia la mímesis (imitación) como medio para conocerse. Solo mediante la poiesis (creación) puede la autoconciencia florecer. Si los sentidos son engañosos, ¿cómo va uno a confiar en que los demás le aporten algo? ¿Para qué va a servir observarlos, aprender de sus prácticas e imitarlas? Habiendo prescindido de la realidad externa, uno se refugia en sí mismo —como Elsa en su castillo— y se interna en un proceso cognoscitivo basado únicamente en las aportaciones que su propia mente pueda generar. «Es necesario recoger el espíritu y apartarlo […] para que pueda conocer él mismo, muy detenidamente, su propia naturaleza». 3

 

    Elsa parece haber leído a Descartes y adopta su postura en el exilio. Rompe lazos con todo lo conocido hasta ahora, se encierra dentro de los muros de su castillo y permanece allí, sola, buscándose en su «liberación». Al repudiar la imitación social, su vía de autoconocimiento es la cartesiana, la de la poiesis. Considera que ella puede encontrarse a sí misma en soledad y forjarse una identidad plena en base a lo que desde ahora piense y sienta. Sin embargo, uno de los principios antropológicos para la formación de la identidad es el de diferenciación respecto al otro, esa alteridad que nos perfila como seres humanos y nos ayuda a encontrarnos a nosotros mismos. Esta idea es un argumento a favor de que, si bien la poiesis también es esencial en el proceso autoconsciente, no llegará nunca a darse si no hay una mímesis que ocurra previa y simultáneamente. En consecuencia, solo es en Frozen II, una vez Elsa ha renunciado a la vía cartesiana y ha aceptado la dualidad mímesis-poiesis, cuando, viviendo en sociedad, emprende con éxito la búsqueda de sí misma.

 

    Así pues, ¿por qué el castillo no es la representación de su conciencia? Porque Elsa allí no se encuentra a sí misma, como hará en la secuela cuando llegue al Ahtohallan, el verdadero símbolo de la conciencia. El castillo es la representación de su alma. En la obra El castillo interior (1577), Teresa de Jesús compara el alma con un castillo de diamante o cristal con siete moradas —de las cuales no hablaré en este ensayo por no precisar de ellas para su desarrollo—. La similitud es evidente, y, si bien Elsa se siente cómoda dentro de él, dentro de su alma, su camino consciente la llevará por otro derrotero. «Mi mundo está aquí, sola, lejos de todo, sin hacer daño a nadie […] Aunque esté sola, libre soy al fin», le dice a Anna. Pero se equivoca y la vida se lo hará ver.

 

 

5-La necesidad del amor

 

    Frozen I termina con un mensaje poderoso y esencial para nuestro tiempo. En mi opinión, el paradigma con el que siempre hemos interpretado la conciencia debe cambiar por uno más sano, y al final de este apartado, tras explicar la importancia de Anna, argumentaré por qué.

 

    Entra Anna en juego, la otra pieza clave de esta interpretación filosófica, y lo hace para quedarse. Tradicionalmente se ha dicho que la característica de la conciencia es aislarse y la del amor unir, y con esto juega la película. Anna llega al alma de Elsa, y lo hace con palabras amables y un corazón que ama a su hermana. Y lo más importante de todo, la ama sin condiciones. La ama tal como es, con su magia, con su pasado, con todo. Podría haber albergado rencor por haberla dejado de lado, pero no lo hace: opta por lo más sano. Porque, aunque Anna no la entiende al principio, la quiere por encima de eso y decide comprenderla y arreglarlo juntas. Después de todo por lo que Elsa ha pasado, Anna llega como un verdadero haz de luz. Pero Elsa solo ha conocido el miedo, el rechazo y las puertas cerradas, y con eso responde. Intenta proteger a su hermana pequeña de la única manera que sabe: alejándola. La conciencia pone distancia y hielo entre ella y el amor.

 

     For the First Time in Forever (Reprise) constituye un punto de contacto entre ambas hermanas, y durante la canción se aprecian las «funciones adjudicadas» de cada una, tan opuestas entre sí. Anna está llena de amor y no tiene miedo; Elsa está llena de luz y conciencia, pero, por un lado, el miedo es la emoción que predomina en ella, y, por otro, se siente desconectada del amor. En psicología se suele decir que la emoción opuesta al amor no es el odio, sino el miedo, y de ahí que sean las dos fuerzas más poderosas en ambos largometrajes. Analicemos algunas de las interacciones que se dan al final de la canción, cuando cantan a la par, tras Elsa enterarse de que ha desencadenado un invierno por todas partes.

 

 

    Anna: (I know you can! / ‘Cause for the first time in forever you don’t have to be afraid / We can work this out together / We will reverse the storm you’ve made / Don’t panic / We’ll make the sun shine bright / […] / And everything will be all right). La voz de Anna supone un contrapunto a la de su padre cuando, de niñas, Elsa golpeó a Anna sin querer. Por primera vez, se le ofrece una mano fuerte y llena del apoyo que se merece. Por eso es tan interesante ver la oposición con los versos de Elsa, que no son sino pensamientos totalmente limitantes. (I’m such a fool! I can’t be free! / No escape from the storm inside of me / I can’t control the curse! / There’s so much fear / You’re not safe here). Vuelve su autoconcepto herido, la percepción de su poder como una maldición. Su «empoderamiento» se ha desvanecido. Una ventisca azota el alma de Elsa conforme su miedo crece hasta estallar con el último verso (I can’t!) en un témpano que congela el corazón de Anna.

 

    Poco después vemos la escena anteriormente mencionada sobre el castillo rojo y los pinchos afilados de las paredes. El alma pierde su estructura bella y deja de ser un refugio; se pierde a sí misma en el miedo. Anna se ve obligada a marcharse con el corazón roto —y congelado— por el rechazo de Elsa, perdida la finalidad que la había movido hasta el momento. Ahora su prioridad es salvarse. Mientras, Elsa es arrestada, pero consigue liberarse de las cadenas ajenas. Sin embargo, la ventisca final es la jaula que de verdad la atenaza: la interna, y su carcelero es el miedo.

 

    Hans engaña a Elsa diciéndole que Anna ha muerto y culpándola por ello. Y es solo entonces, en el momento en que su dolor llega a lo más hondo, cuando la ventisca cesa. Los copos se congelan en el aire, estáticos en el silencio. La culpa y el sufrimiento abaten a Elsa en medio de un paisaje helado que parece decir: «Ya no hay caminos que transitar; todo se ha perdido». En un giro de los acontecimientos, Anna termina congelándose a su lado para salvar a Elsa. Y es curioso cómo, ella, al abrazarla en rendición, parece fundirse con Anna en un solo azul, en una misma persona —de esto hablaremos en el último apartado—. Anna, un personaje cuya odisea es la búsqueda del amor verdadero, termina encontrándolo en sí misma. Esta es otra prueba de que estamos ante un personaje simbólico: el amor. Su acto de amor incondicional salva a Elsa y esta integra, por fin, aquello que la salvará del miedo: «El amor descongela… ¡El amor!».

 

    Elsa consigue revertir la tormenta y regresa a Arendelle para quedarse. Lo hace en comunidad, con Anna, Olaf —ahora inmortal, con lo que eso conlleva simbólicamente respecto al amor de las hermanas—, Kristoff, Sven y el resto del reino. El amor se ha alzado como predominante y bajo su luz el miedo abandona su condición patológica. Quizás Elsa aún no se haya encontrado a sí misma, es cierto, pero ha aprendido y encontrado algo muy importante que, además, le ayudará a que emprenda con valor y seguridad su camino autoconsciente en Frozen II. Al fin, Elsa se ha empoderado genuinamente. La conciencia está lista para avanzar.

 

5.1-Autoconciencia ayer vs. Autoconciencia hoy: el problema del exilio

 

    Como dice Kristoff: «La gente que se retira a las montañas suele querer estar sola». Nadie quiere sentirse solo, y, si muchos monjes medievales (y no tan medievales) se exiliaron, es porque fueron incomprendidos por la sociedad. Con esto no me refiero a que todos lo hicieran por esta razón, o que la soledad no sea buena. Al contrario, la soledad es una oportunidad maravillosa y esencial para la introspección, para poder transitar los caminos internos que debamos transitar. Pero pienso que no es buena en cuanto se halla anidada en el corazón de forma constante, cuando no es una elección, cuando nos hallamos internamente helados. Si la conciencia no tiene amor, todo se queda helado, tanto uno mismo como aquello que lo rodea, tal como se ve en la ventisca final de Frozen I. Porque, sí, «el amor descongela», pero el miedo «congela».

 

   

    En mi opinión, tradicionalmente se ha asociado la conciencia con altas cumbres nevadas y solitarias, como a la que Elsa se exilia, y a personas meditando en ellas. La conciencia, al contrario que el amor, está asociada al frío. Esto se comprende desde la relación que mantienen las emociones con el calor, siendo llamas que arden en nuestro pecho. Así pues, el eterno debate Razón-Emoción aparece también en el plano de la conciencia y el amor. Muchos místicos despreciaron el corazón por «nublarles la mente» e impedir así que su conciencia se eleve al punto más alto. Como si los fuegos de la emoción soltaran un humo que empañaban la visión de ese ojo interno. Esto vendría a resumirse en la típica frase de: «Te ciega la pasión». Este es otro motivo por el que estos místicos se exiliaron a la soledad: para cortar cualquier tipo de estímulo emocional y alcanzar así la aclamada «iluminación» de la conciencia. Probablemente esto parta en gran medida del ejemplo de Buda, quien, se supone, hizo algo similar, y que tan revisado fue posteriormente por algunos autores.

 

    Sin embargo, según la tradición taoísta, muchos de estos místicos, al encontrarlos en sus cumbres, habían abandonado necesidades básicas casi como comer por considerarlo inoportuno en el camino consciente y así poder invertir todo su tiempo en meditar. Claro está, se encontraban en un pésimo estado físico y helados internamente. Se dice que, con el fin de ayudarlos a recuperarse, se creó una serie de movimientos conscientes inspirados en la naturaleza y en lo animal, movimientos que han llegado hasta nuestros días en forma de prácticas como el yoga y el Qi Gong. Su rechazo de la mímesis, de la sociedad, de las emociones y del cuerpo (como Descartes) había sido tan radical que todo se había convertido en hielo. Y esto es lo que le habría ocurrido a Elsa sin Anna.

 

    Esta asociación de la conciencia con el frío es la razón por la que los poderes de Elsa son helados y no de otro elemento. La razón por la que ella es la conciencia. Frozen II explorará más este simbolismo y lo exprimirá en su relación con la memoria. Elsa ve más que los demás; su ojo interno es, por decirlo así, el más evolucionado —sin significar esto que sea mejor o peor que los demás—. Elsa es tan necesaria en este mundo como Anna, y, solo juntos el amor y la conciencia pueden sanar las heridas del pasado y avanzar. A lo largo de la historia siempre han faltado Annas que ayudaran a las Elsas a vivir en un mundo que las incomprendía y rechazaba. Se habría necesitado más amor y más comprensión para que menos conciencias ardieran en la hoguera, tanto literal como metafóricamente. Por suerte, en los últimos tiempos las rígidas estructuras —políticas, religiosas, sociales, etc.— que oprimen al ser humano están desmoronándose. Esto da paso a vías que nos permiten encontrarnos a nosotros mismos con mayor libertad, aceptación y estima, y vivir en una sociedad cada vez más fluida y diversa a todos los niveles.

 

    Es una suerte que la situación actual respecto a la conciencia esté cambiando y haya cada vez más conciencia en el amor y más amor en la conciencia. Todo esto se aprecia bien en la siguiente cita del poeta y filósofo Sri Aurobindo. Interpretando la palabra «cielo» como «conciencia» encontramos: «El cielo en su éxtasis sueña con una tierra perfecta. La tierra, en su tristeza, sueña con un cielo perfecto. Temores encantados los apartan a ambos de su unidad».4

 

    Por tanto, ¿de qué sirve la conciencia en las cumbres de allí arriba? ¿No sería una mejor inversión el utilizar esa conciencia y autoconciencia, ese don tan bello y poderoso, en ayudar a la humanidad y hacer de este mundo un lugar más sano? Arraiguemos el amor en la tierra y la conciencia podrá bajar segura. Ese, interpreto, es el mensaje presentado en Frozen I y que tan sabiamente desarrollará Frozen II.

 

 

6-All is Found

 

    Empieza Frozen II con una escena del pasado. Ya desde el primer instante vemos la importancia que va a tener la memoria en la película y para la trama autoconsciente. En ella, el rey Agnarr les cuenta a sus hijas una historia —que, a su vez, pertenece a un pasado aún más atrás— sobre un bosque encantado en el que una tribu llamada Nortuldra se rebeló contra Arendelle. Esta batalla enfureció tanto a los Espíritus del Bosque que lo cubrieron de una niebla impenetrable: «nadie pudo entrar y nadie ha salido desde entonces».

 

    A continuación, la reina Iduna les canta a las hermanas una nana para dormir. Esta canción, All is Found, es una revelación de lo que pasará en la película y de la trama interna de Elsa. De alguna forma, Iduna es aquí una especie de oráculo que vaticina lo que va a ocurrir en el futuro. (There’s a river full of memory / for in this river all is found / in her waters deep and true / Lie the answers / and a path for you). La canción introduce la existencia del Ahtohallan, un río mágico que conoce todas las respuestas del pasado. Cuando llega a esta parte, Iduna mira a Elsa y la coge entre sus brazos, como si fuera consciente de que la canción alude, de algún modo, a Elsa. (Yes, she will sing to those who hear / and in her song, all magic flows / But can you brave what you must fear? / Can you face what the rivers knows?). Es muy importante aquí la idea de fluir, algo que Elsa tanto ansiaba y que no podía encontrar en Frozen I: fluir con su identidad y con su magia en una feliz libertad. Solo en el Ahtohallan, cumbre de la conciencia, encontrará eso. La segunda idea que extraer está también muy ligada la conciencia, y es la idea de si se podrá enfrentar a lo que el río sabe, a la Verdad. ¿Será algo tan malo como para que la conciencia pueda resistirlo y enfrentarlo? ¿Cuánta verdad será capaz de soportar? Por eso Elsa debe ser, en cierto modo, fría. Para verlo, para aceptarlo y para reparar la herida del pasado que solo el Ahtohallan conoce. Por eso el hielo de Elsa no es sino el reflejo de su conciencia.

 

    (There’s a mother full of memory). De pronto, la figura materna adopta la función del río: la memoria. Más adelante veremos por qué. (Come, my darling, homeward bound / […] / then all is found). Las palabras «casa», y «encontrado» resonarán en Elsa durante toda la película. Lo que buscará será sentirse encontrada, llegar a un lugar al que su alma pertenezca en plenitud. Por último, rescataré un verso del principio de la canción que desvela el gran peligro del camino autoconsciente de Elsa, y que tanto conecta con lo comentado en el apartado 5.1: (Dive down deep into her sound / But not too far or you’ll be drowned).

 

    Tanto la historia del bosque como la canción permanecerán en la memoria de las hermanas.

 

 

 

7-La llamada de la conciencia

 

    Han pasado tres años desde el final de Frozen I. Encontramos a una Elsa feliz viviendo con quienes ama y absolutamente integrada en la sociedad. Ha aceptado la mímesis como parte esencial para alcanzar su autoconciencia. Rige Arendelle llena de amor y seguridad y no quiere que cambie nada, pues se encuentra bien así. De hecho, en el cortometraje Frozen: Una aventura de Olaf , Elsa y Anna comparten una canción, When we’re together, que refleja lo maravillosos que están siendo esos tres años después de la primera película. Se opone radicalmente a For The First Time In Forever (Reprise), analizada previamente, donde los versos de Anna y Elsa eran contrarios. Aquí van juntos, de la mano, uno detrás de otro en perfecta armonía. Cuando Anna dice: «But the greatest present of all was given me long ago»; Elsa responde «It’s something I would never trade / It’s the family that we’ve made».

 

    Sin embargo, algo pasa. Elsa oye una voz llamándola. Se empieza a preocupar porque ese canto pretende que la siga y Elsa quiere quedarse allí, en Arendelle, sin que nada cambie. Intenta ahogar el sonido con la esperanza de que desaparezca, pero no. La canción Into the Unkown es muy clara respecto a los sentimientos de Elsa, pasando desde un «I’m sorry, secret siren, but I’m blocking out your calls» a un «How do I follow you?». Claro que Elsa quiere encontrar a quien la llama, pero tiene miedo de que eso estropee todo. Está bien donde está, pero tiene la sensación de que estará aún mejor si encuentra a la voz. Aunque se siente en casa, hay una parte de ella que sigue buscando un grado más elevado de pertenencia. Uno que solo puede hallarse en el nivel más profundo de su alma y al que únicamente se puede acceder mediante una vía: la autoconciencia. (Or are you someone out there who’s a little bit like me? / Who knows deep down I’m not where I meant to be?). Del mismo modo que Elsa siente que la voz la conoce, ella reconoce en la voz a una amiga, a una igual, y solo es con ella con quien se atreve a formular su más profundo temor: «¿Estoy dónde ansío estar?» (Every day’s a little harder as I feel my power grow / Don’t you know there’s part of me that longs to go into the unknown!) Conforme la conciencia de Elsa crece, es capaz de distinguir con mayor claridad sus sentimientos más hondos. La mímesis le ha servido de mucho y, aunque esta vaya a seguir estando presente (pues es necesario que sea así), es el momento de que la poiesis tome las riendas.

 

    Una catástrofe ocurre en el reino y Elsa le cuenta a Anna sobre la llamada, una que solo parece poder oír ella. El diálogo es interesante, pues Elsa dice que cree que la voz es buena, a lo que Anna se sorprende y Elsa responde: «Lo que ocurre es que mi magia lo percibe… yo lo percibo». La conciencia es intuitiva, Elsa decide escucharla y Anna confía en ella. Lo que ambas ignoran es que toda la situación de Arendelle y la voz están relacionadas.

 

    Grand Pabbie, quien gracias a su poder chamánico también puede intuir las cosas, muestra en el aire el dibujo de una presa, una batalla y el reino destruido. «El pasado no es lo que parece», dice, «Una ofensa exige ser reparada. Arendelle no está a salvo. La Verdad debe ser hallada. Sin ella yo no veo futuro». No puede ser más evidente la relación de cómo la conciencia, antorcha que alumbra lo inconsciente, tiene la capacidad de sanar esas heridas del pasado que yacen en nosotros causándonos tantos estragos sin que seamos conscientes de ello.

 

    Elsa se ve obligada a marchar al bosque encantado para restaurar la paz en Arendelle. Pese a que ya está integrada en la sociedad y conoce la importancia de dejarse ayudar, su carácter reservado e independiente y su preocupación por que le pase algo a quienes ama sigue tirando de ella. Por suerte, Anna, Olaf, Kristoff y Sven la conocen y deciden acompañarla, a lo que Elsa acaba aceptando. ¿Tiene miedo? Desde luego, y eso está bien, pues no es el miedo paralizante de Frozen I. Es un miedo sano cuya función como mecanismo de supervivencia la ayudará a ser prudente. De modo que, juntos los cinco, se embarcan hacia el bosque en busca de respuestas.

 

 

8-Los Cuatro Espíritus y la memoria del agua

 

    La voz va guiando a Elsa hacia el bosque, atrayéndola a su seno. El grupo llega al muro de niebla que lo custodia y es Elsa, la conciencia, la única que, al acercar la mano, consigue despejar ese velo de enigma. Los demás pueden pasar porque ella ya ha mostrado el camino. Para remarcar el cambio respecto a su yo en la primera película, cuando Anna le hace prometer que harán las cosas juntas, Elsa se lo promete. Y, mientras se adentran en el bosque de la mano, la niebla se cierra tras ellas. «¿Sabéis que un bosque encantado es un lugar de transformación?», declara Olaf casi como una profecía humeana.

 

    A partir de ahora, Elsa irá descubriendo fragmentos de la Verdad mediante tres de los Espíritus del Bosque: el aire, el fuego y el agua. La tierra será para Anna, en representación de cómo el amor echa sus raíces en la tierra para sostener a la conciencia en su dura odisea de encontrar respuestas. Así pues, cuando se topan con Galerna, el Espíritu del Aire, este expulsa de su interior a todos menos a Elsa, y cuando esta lo combate con su magia, se abre el pasado. Ve a su padre de pequeño y otras imágenes pertenecientes a la historia que el rey Agnarr les contó cuando eran niñas. Imágenes difusas, pero lo suficientemente cercanas como para que Elsa las guarde en su memoria.

 

    Esta posibilidad de ver el pasado se debe a la teoría que comenta Olaf de que «el agua tiene memoria». El hielo es agua, de modo que Elsa es capaz de rescatar momentos antiguos y congelarlos en el presente. Conocer el pasado —ya sea individual, genealógico o colectivo— es una gran manera de autoconocimiento. Empieza a asomar lo que All Is Found revelaba: el valor necesario para afrontar lo trágico del pasado. Olaf comenta que el agua del que estamos hechos ha pasado antes por al menos cuatro seres vivos. En el caso de Elsa, sería su linaje, por eso puede ver recuerdos que no son suyos directamente, sino de sus familiares.

 

    En algunas obras como Westworld también aparece esto, cuando Bernard le explica a Dolores en el capítulo diez de la primera temporada que la memoria es la base fundamental para la autoconciencia. No obstante, la totalidad de la importancia de esto la veremos mejor cuando lleguemos al Show Yourself de la mano de David Hume.

 

    Los Nortuldra y los soldados de Arendelle presos en el bosque llegan entonces e interrogan al grupo. Pero entonces aparece Bruni, el Espíritu del Fuego, para luchar contra Elsa en una batalla de elementos. Ambos consiguen reconciliarse y Bruni, al igual que Galerna, le toma cariño a Elsa. Este sentimiento será importante en cuanto tiene relación con la identidad de la joven.

 

    Tras este suceso, Anna y Elsa descubren en una figura helada que su madre era la Nortuldra que salvó a su padre en el pasado. Al revelarse esto, las figuras heladas y los árboles comienzan a brillar, como contentos de haber avanzado un paso más into the unknown. Cabe señalar que la tribu Nortuldra está en sintonía con la naturaleza y, a través de su buena relación con ella, la naturaleza le brinda su poder, como puede verse al principio de la película. Así pues, Anna le dice a Elsa que, cuando la batalla entre Arendelle y los Nortuldra pasó, la naturaleza recompensó a Iduna y a Agnarr con una hija mágica. Premió la amabilidad por encima de la violencia. La naturaleza parece tener muy claro lo que es bueno para la vida.

 

    El origen de la magia de Elsa ha sido desvelado. La Verdad acerca poco a poco a Elsa a su identidad, y esta, cada vez más entusiasmada, prosigue su camino a la autoconciencia. Antes de partir de nuevo, Honeymaren, una joven Nortuldra, le muestra a Elsa un dibujo de los Cuatro Espíritus en el chal de su madre. Señala el punto de en medio y le explica que hay un Quinto Espíritu, cuya voz sonó el día que la niebla descendió sobre el bosque, la misma voz que su padre oyó al ser salvado. Elsa asume que este Quinto Espíritu es quien la llama y retoma el viaje en su búsqueda. Cuando los Gigantes, Espíritus de la Tierra, pasan cerca, Elsa dice que «la notan» y por eso aparecen. Elsa los nota a ellos y ellos la notan a ella: es la misma pulsión que mantienen la joven y la voz. Parece haber una conciencia colectiva que mantiene unidos a Elsa y a los Espíritus —quienes también oyen la voz.

 

    Llegan así Anna y Elsa al barco destruido en el que murieron sus padres. Mediante un documento y la memoria del agua, las hermanas descubren que estos surcaban un mar distinto al que habían dicho que iban. Viajaban a través del Mar Oscuro hacia el Ahtohallan, el río de la nana, en busca de respuestas para el origen de la magia de Elsa. Pero nunca lo consiguieron. Después de ver a través del agua el último momento de sus padres, Elsa se culpa por sus muertes. La conciencia ha revelado otro fragmento de Verdad y el pasado adopta una tonalidad más oscura y dolorosa. Afortunadamente, Anna, quien también sufre por la revelación, le hace ver a Elsa que no es culpa suya y luego dice: «Si alguien puede desvelar el pasado, si alguien puede salvar Arendelle y liberar este bosque, eres tú. Yo creo en ti Elsa, más que en todo y en todos». De nuevo, su amor, sólidamente arraigado en la tierra, le da fuerzas a Elsa para seguir adelante, ahora con un claro objetivo al que llegar: el Ahtohallan. Y es justo después cuando Anna dice lo más bonito que se le puede decir a Elsa, lo más comprensivo y hermoso que el amor le dice a quienes ama, a la conciencia: «Yo no quiero evitar que lo hagas, no quiero impedir que seas lo que necesites ser». Después de toda una infancia y adolescencia viviendo bajo la condición de que no se muestre, Elsa escucha cómo su deseo de autodescubrimiento y libertad personal son reconocidos de forma explícita por quien más quiere. Aunque no fuera así, Elsa habría continuado su camino, pues su empoderamiento es genuino y tiene claro su objetivo. Pero esto le da renovadas fuerzas.

 

    Consciente de que nadie más que ella es capaz de sobrevivir en el Mar Oscuro, consciente de que no quiere perder a Anna y de que ella se va a enfadar por incumplir su promesa, Elsa se marcha sola para transitar el último estadio de su viaje. Finalmente, ha llegado el momento de recoger todo el trabajo interno realizado hasta el momento, llegar al núcleo de sí misma y conocer a quien la llama.

 

    En el Mar Oscuro la espera Nokk, el Espíritu del Agua. Antes de seguir, cabe mencionar que los Cuatro Espíritus tienen otro aspecto más a destacar en este ensayo, uno más enfocado en la sanación de la memoria ancestral, por lo que volveremos a ellos en el apartado 11. Así pues, llegamos a Nokk, el más fuerte contrincante al que Elsa se enfrenta y el más simbólico de los cuatro. Fácilmente podría interpretarse como la representación de todos los obstáculos a los que el alma se enfrenta en su tránsito hacia la autoconciencia. El caballo acuático le golpea, la intenta hundir y llevar hasta la orilla, lejos del Ahtohallan que parece custodiar. Pero Elsa no se rinde y lucha con toda su magia hasta que, finalmente, consigue tomar las riendas y montarlo camino al río mágico. Dejan de verse como rivales, se concilian como aliados y se toman cariño como ocurrió con los dos anteriores. En un momento tan decisivo, la conciencia se alza sobre todos sus miedos, sus inseguridades y sus pensamientos limitantes. Lo acepta todo como parte intrínseca de ella y de su historia. Está preparada. Y entonces, solo entonces, llega al Ahtohallan.

 

9-Show Yourself

 

    El tan esperado momento está aquí: la culminación autoconsciente de Elsa. A lomos de Nokk, Elsa cruza el Mar Oscuro y ve a lo lejos el río mágico de la canción, que es en realidad un glaciar. «Ahtohallan is frozen», dice Elsa. Esta es ya la primera característica del río en sintonía con su poder. Los creadores de la película comentaron que el diseño de este lugar se hizo en representación a la vida de Elsa. Unos altos picos, un grueso muro, un hielo lleno de luz; las aguas alrededor, en calma. La tormenta se ha ido y Elsa escucha la voz llamándola con más claridad que nunca. Si Let It Go era una canción de rebelión, Show Yourself es, también en palabras de sus compositores, una canción de «belonging». Una obra íntima, profunda, y simbólica. 

 

    (Something is familiar like a dream I can reach but not quite hold / I can sense you there like a friend I’ve always known / I’m arriving and it feels like I am home). La palabra «casa» que, como hemos visto en el apartado 6, siempre ha sido tan significativa para Elsa, surge ahora junto a la sensación de algo que se puede alcanzar, pero no agarrar, y junto a algo que siempre ha conocido. Elsa se siente en casa porque esta siempre ha estado dentro de ella. A lo largo de la canción, conforme penetre en las distintas capas del Ahtohallan, se irá haciendo más consciente de esto. En palabras de Zambrano: «La verdad, desgarrando sus velos le devuelva a la unidad su origen, la reintegra en su propia naturaleza […] Conocer es desvanecer […] la sombra, para, en la luz, ser íntegramente». 5  Además, Elsa da el primer paso en su nueva transformación: se suelta el pelo como si se deshiciera de todo aquello que no es necesario para entrar en la profundidad de su conciencia.

 

    (I have always been a fortress / Cold secrets deep inside / You have secrets too / But you don’t have to hide / Show Yourself). Elsa le dice a la voz lo que parece que siempre ha deseado que se le hubiera dicho a ella. Mostrándose a sí misma, se abre a la voz y le anima a esta a hacer lo mismo. (I’m dying to meet you / […] / Are you the one I’ve been looking for all of my life / Show Yourself / I’m ready to learn). Vemos a una Elsa más llena de entusiasmo y confianza que nunca. (All my life I’ve been torn / But I’m here for a reason / Could it be the reason I was born). Elsa vuelve a asumir su pasado como una historia de escisión y lo contrapone a una certeza: la encontrada razón de su existencia. ¿Ha nacido la conciencia para llegar a lo más profundo de sí misma?

 

    (Are you the way / I finally find out why? / […] / I’m no longer trembling / here I am I’ve come so far / You are the answer I’ve waited for all of my life / Show Yourself). El camino de la conciencia es largo y no exento de miedos y peligros. Sin embargo, también es de las cosas más maravillosas y gratificantes que existen. ¿Qué otra puede uno sentir al volver la vista atrás y ver todo lo recorrido? Y entonces, al mirar al frente de nuevo, todo lo que aún queda por recorrer cobra un brillo especial y repleto de emoción. (Let me see who you are / Come to me now / Open your door). Elsa sigue a la voz hasta el núcleo del Ahtohallan. La puerta que ella siempre había mantenido cerrada está abierta y le pide a quien la llama que haga lo mismo. El símbolo de los Cinco Espíritus se muestra en el suelo y Elsa, al fin, se coloca en el medio y asume quién es.

 

    All is Found se funde con Show Yourself y la sala se llena de luz. La conciencia alumbra todo su pasado como imágenes de un caleidoscopio, se rodea de ellas y abraza su canción. (There’s a river full of memory). Elsa descubre la identidad de quien la llama: su madre, «el fantasma que ya en ausencia suscita». La voz recuerda el canto que Iduna hizo el día en que salvó a su padre. Sin embargo, podemos ir más allá. Sí, la voz es de la madre, ¿pero es ella quien la llama? ¿No es en realidad el recuerdo de su madre quien la llama, el mismo que ha pasado a su hija como legado genealógico a través de la memoria? Este recuerdo ahora pertenece a Elsa, y es desde la memoria, desde ese hilo conductor que da a luz a la identidad, que la voz de la conciencia se llama a sí misma. Al igual que en Westworld Bernard viste su voz autoconsciente con la imagen de Ford, Elsa se proyecta a sí misma en la figura de su madre y se llama a través de ella. Pero ni Elsa ni Bernard tardan en darse cuenta de la realidad más profunda, y alcanzar, de este modo, su propia voz. Y así es cuando, por fin, Elsa encuentra lo que buscaba: «I am found!» Y juntas Iduna y ella cantan: «Show Yourself / Step into your power / Grow yourself into something new / You are the one you’ve been waiting for / all of my life». Elsa es la última voz en escucharse, reproduciendo el mismo canto que hasta el momento la había llamado.

 

    Durante el final de la canción, Elsa se transforma de nuevo. A la liberación interna que representa su melena suelta se suma un vestido completamente níveo: la conciencia ha alcanzado su estado más puro. Además, seda blanca surge de su espalda como dos alas y una frase de la versión francesa de Show Yourself lo describe con precisión: Moi l’oiseau sans ailes! Elsa ha sido un pájaro enajulado toda su vida, un pájaro sin alas que, de pronto, ha conseguido alzar el vuelo con las alas de la conciencia.

 

    Recuperando el hilo de lo explicado durante la primera transformación (en Let It Go), valoremos la importancia de este yo cambiante con David Hume. En opinión del filósofo, el yo no solo son los pensamientos del alma (como diría Descartes), sino las sensaciones y percepciones del cuerpo. Si desaparece el cuerpo, desaparece el yo. Al contrario que Descartes, quien defendía que el yo era inmutable, Hume expone que el yo sí cambia en función de las sensaciones. No obstante, no hay una sensación privilegiada que se mantenga eterna, sino que a lo largo de la vida se van viviendo e integrando muchas y distintas sensaciones. Así es como Hume lo explica:

 

«Si hay alguna impresión que origine la idea del yo, esa impresión deberá seguir siendo invariablemente idéntica durante toda nuestra vida, pues se supone que el yo existe de ese modo. Pero no existe ninguna impresión que sea constante e invariable. Dolor y placer, tristezas y alegrías, pasiones y sensaciones se suceden una tras otra, y nunca existen todas al mismo tiempo. Luego la idea del yo no puede derivarse de ninguna de esas impresiones, ni tampoco de ninguna otra. Y, en consecuencia, no existe tal idea». 7

 

    El yo, al pasar por este tránsito único e irrepetible de sensaciones, se conocería de manera distinta. El yo es mutable. Por eso, todo el recorrido que Elsa realiza en ambas películas, que muy bien podría casar con la estructura narrativa humeana del road trip, se refleja en sus transformaciones físicas. Y pese a que a lo largo de todo este texto se utiliza la palabra alma, el yo no se desliga del cuerpo, pues este es indispensable para la autoconciencia. La concepción aquí expuesta del proceso autoconsciente es mucho más humeana que cartesiana.

 

    Para enlazar este apartado con el siguiente, profundizaremos un poco más en la memoria. Como ya se vislumbró en páginas anteriores, la memoria constituye la base de la autoconciencia. Es ese hilo narrativo que se va llenando de vivencias y conectándolas. Une nuestro yo del pasado con nuestro yo del presente. Le da narratividad a nuestra vida, y es en la conexión de todos nuestros recuerdos que la identidad se forja. Hume alegaría que esta «ficción de la identidad personal» se da como resultado de la unión de estas sensaciones gracias a la imaginación en correlación con la memoria. Somos lo que hemos vivido y nos lo contamos siempre como una larga historia. Y algo así hace Elsa al término de Show Yourself: convierte todas sus memorias en una niebla helada que hace girar mientras canta para, finalmente, bajarla al suelo y rodearse de ella. Probablemente, en este caso los profesores Jan y Aleida Assman dirían que Elsa toma la parte de su memoria que se encuentra en estado de latencia —archivada— para traerla a la memoria activa —al presente— y trabajar desde ahí.

 

 

10-La última sala del Ahtohallan: el pasado velado

 

    Elsa se mueve entre fragmentos de su pasado. Podría parecer dispar el hecho de que también tiene recuerdos que no son directamente suyos, sino de su familia. Sin embargo, como representación de la conciencia que es, Elsa es capaz de ver aquello que pertenece a su genealogía. Y ella será la encargada de revelar la ofensa de tiempo atrás que exige ser reparada, la encargada de traer luz a la oscuridad.

 

    Todos llevamos a cuestas no solo nuestros pasados, sino el de nuestras familias, naciones, etc. Los contextos de épocas anteriores perviven en el presente a través de quienes las vivieron y de la educación generacional. Debido a esto, cargamos con heridas con las que a simple vista no tenemos nada que ver. Esta es la razón por la que, por ejemplo, en España estemos divididos y en Alemania haya tanta culpa invisible. El sufrimiento de ayer sigue vivo hoy. Y si no ponemos la conciencia necesaria para verlo y echarle freno, seremos incapaces de desprendernos de él y sanarlo para poder avanzar. De hecho, una de las funciones de los recientes Memory Studies —trabajados por autores como los Assman, mencionados anteriormente— se enfoca en esta cuestión.

 

 

    He aquí la otra finalidad por la que Elsa escuchaba la voz —además de para encontrarse a sí misma—. La llamada que oía era la llamada de la propia vida pidiendo ser curada. Al ser la conciencia, Elsa es la única capaz de ver lo que ocurrió de verdad en el pasado.

 

    Así pues, en cuanto escucha a su abuelo, el rey Runeard, hablar de forma sospechosa y temerosa, Elsa, a décadas de distancia, le dice: «En el miedo no se puede confiar». El rey se pierde tras una pared de hielo y Elsa decide abrir una brecha y seguirlo. Desciende por un pasaje oscuro mientras su abuelo cuenta el verdadero plan tras la construcción de la presa: no es un regalo, sino una trampa motivada por el miedo y el egoísmo para subyugar a los Nortuldra bajo su poder. En ese instante, al borde de un gran pozo sin luz, la memoria de Elsa decide advertirla con el tenebroso verso de All Is Found que dice: Dive down deep into her sound / But not too far or you’ll be drowned. Si no salta al pozo, nunca sabrá la verdad de lo que pasó, pero si salta, es posible que no vuelva.

 

    Decide saltar y descender a la oscuridad. La última sala del Ahtohallan quizás podría representar el inconsciente profundo, esa capa de la mente que más velada está y a la que más difícil nos es acceder. Elsa, con su gran conciencia, consigue llegar. Pero allí hace mucho frío… y Elsa nunca tiene frío. Su cuerpo se empieza a congelar mientras contempla la escena del pasado. El rey Runeard ataca al líder Nortuldra. Grand Pabbie tenía razón: «El pasado no es lo que parece». La traición no fue de los Nortuldra, como se pensaba, sino de Arendelle: de la familia de Elsa y Anna. Justo antes de convertirse en una estatua de hielo, Elsa le envía la revelación a su hermana.

 

    Can you face what the rivers knows?, cantaba la nana. Elsa ha visto el pasado, sí, pero es demasiado duro para afrontarlo sola. Ha dejado el miedo tan de lado que, al olvidar ser prudente, ha sobrestimado su capacidad de solucionar todo por su cuenta. Como temía la canción, Elsa ha llegado demasiado lejos. Anna no está. Y, como se mostró en Frozen I, la conciencia sin amor se hiela.

 

 

11-La presa y la sanación de la memoria ancestral

 

    Anna recibe el mensaje: Elsa le ha mostrado la verdad oculta. Una vez la conciencia ha alumbrado el camino, el amor se pone en marcha para poco a poco cambiar las cosas. La presa debe ser destruida para reparar la ofensa que su antepasado hizo con los Nortuldra. Como ya hemos dicho anteriormente, el elemento tierra es para Anna, por lo que va hasta los Gigantes, los atrae a la presa y, con su poder, consigue destruirla. El agua, estancada en el pasado durante tanto tiempo, acumulada con la mentira y el odio entre dos pueblos, halla una salida y se libera en una gran ola que amenaza con destruir todo a su paso.

 

    Retomemos aquí un momento lo comentado de los Espíritus en el apartado 8. En algunas antiguas tradiciones filosóficas de Asia, como la taoísta, se habla del poder de la naturaleza para liberar y sanar la memoria ancestral. Los cuatro elementos base de la naturaleza son los Espíritus aquí representados: el aire, el fuego, la tierra y el agua. Son las reglas físicas que ya desde la Antigüedad han sido objeto de culto, y que autores como Tales —el agua en este caso— han utilizado para definir el arjé. Siguiendo con la tradición taoísta, esta concebía que en los cuatro elementos se hallaban las dos energías primordiales: el Yin y el Yan, en cuyo equilibrio reside la armonía de la vida. Su poder puede ser curador y eso es lo que se busca aquí.

 

    En el pasado genealógico de Elsa y Anna hay una herida muy ligada a la naturaleza (pues los Nortuldra prácticamente son uno con ella) y que solo Elsa, como descendiente de este pasado, es capaz de descubrir al hacer consciente la memoria ancestral de su linaje. Por eso es tan importante que Elsa se concilie con los otros Espíritus, que se tomen cariño entre sí y se conciban como aliados (aunque con los Gigantes esto solo ocurrirá al final de la película). Para permitirle avanzar y así reparar la ofensa de la que hablaba Grand Pabbie. Para sanar el pasado. Por supuesto y como acabamos de ver, Anna también forma parte de esta sanación.

 

    Así pues, una gran ola se acerca a Arendelle y sin duda alguna lo arrollará con su caudal. Por suerte, al haber sido escuchado el mensaje de la conciencia, al haber sido comprendido y llevado a cabo, el amor llega hasta esta y la descongela. Porque por muy llena de amor que estuviera Elsa en su interior, la verdad hallada había sido tan devastadora que no podía cargar con ella sola. Necesitaba esa solidez de Anna para sostenerse. Porque no es fácil asumir de golpe todo lo que asume Elsa: esa traición de odio y miedo que pertenece al pasado de su familia.

 

    El suelo del Ahtohallan se rompe: para que la conciencia baje al mundo y lo salve de la destrucción. El ermitaño desciende de la alta cumbre y pone su conciencia al servicio de la humanidad. Elsa cabalga a lomos del Espíritu del Agua, monta la propia ola y se adelanta a ella. Respaldada ahora sí por el amor de Anna, Elsa consigue crear una barrera de hielo entre la ola y Arendelle. La emoción acumulada que lleva todo ese caudal de agua es contenida por la conciencia y disipada en un flujo normal.

 

    Arendelle se ha salvado. La memoria ancestral ha sido liberada y sanada.

 

 

12-Elsa y Anna: una misma persona

 

    Después de que la conciencia haya salvado al «pueblo no-tan-consciente» de que el pasado lo hunda, Anna y Elsa se encuentran de nuevo. Elsa le explica a Anna que ella es el Quinto Espíritu, que el reino sigue en pie y que, por fin, ya está todo bien y en su sitio. «Lo hemos hecho juntas y seguiremos haciéndolo juntas», le dice. Y así es. La conciencia y el amor juntos han conseguido curar el pasado y reparar lo que había de ser reparado. Y en el trayecto, Elsa finalmente se ha encontrado a sí misma y Anna se ha fortalecido, como puede verse en su escena de duelo mientras escala la oscura cueva de la pérdida.

 

    Y es que es algo curioso. Cada una estaba simultáneamente en su propia cueva superando su misión: Elsa en el «Ahtohallan» de la conciencia y Anna en la gruta del dolor. Elsa descendiendo a las profundidades de su mente y Anna ascendiendo desde las profundidades de su corazón. Esto es solo una prueba más de que ambas hermanas representan a una sola persona. La conciencia y el amor como partes de un mismo individuo.

 

    Y es que la imagen de las dos hermanas refleja perfectamente esa necesaria dualidad que hay en nosotros: la capacidad para percibir, ver y entender, y la capacidad para ser el firme soporte que nos conecta con nuestro interior y con los demás. Como seres que funcionamos a ciclos, ¿a quién no le ha pasado sentirse más despierto unas veces y más estable otras? Y como seres sociables, ¿quién no ha sido la conciencia o el amor que ha ayudado a un amigo, o viceversa? En ocasiones somos más una u otra, pero nunca cesamos de ser ambas. La potente y lumínica, aunque frágil condición de la conciencia, y el sólido amor que enraíza en la tierra: ahí estamos y ahí existimos. Dejemos de separarlas y conectémoslas para ser más fuertes y amables. Dejemos de verlas como enemigas excluyentes entre sí y concibámoslas como lo que de verdad son: aliadas. Hermanas.

 

    Elsa decide abdicar y Anna es coronada reina de Arendelle. Nuestra joven viajera ha alcanzado un lugar donde se siente plenamente en casa. Se queda con los Nortuldra, guardando el bosque ahora liberado de la niebla. Y lo especial de que se quede allí es que, por un lado, sigue viéndose con su familia y, por otro lado, vive con la tribu de su madre en la naturaleza, la cual le brinda un lugar para disfrutar de esa cierta soledad que siempre ha deseado. Ambas son felices y están, pese a la distancia física, más unidas que nunca. Como bien afirma Elsa: «Un puente tiene dos lados y Mamá tuvo dos hijas». No se me ocurre final mejor.

 

    Anna siempre ha tendido más a la mímesis y Elsa a la poiesis, pero, ahora, ambas se hallan en una situación que les permite disfrutar de las dos capacidades. Anna es una reina que debe tomar decisiones por su cuenta para ayudar a la sociedad y Elsa es un espíritu libre que puede, en su convivencia con los Nortuldra, hallar su propio espacio de introspección.

 

    Y así es como la vemos en su magistral última escena. Cerca de los demás, en plena armonía con la naturaleza, llena de amor y confiando en la vida. A lomos del agua y con el fuego, el aire y la tierra junto a ella, Elsa cabalga por un paisaje nevado que está en sintonía con su poder. Bajo un cielo despejado, respira en libertad. Se adentra en un Mar Oscuro muy diferente al que habíamos visto. Donde antes había tormenta y oscuridad ahora hay un hielo transparente que deja pasar la luz. El Ahtohallan, coronado por el sol, se dibuja en el horizonte. Y así, finalmente, poderosa y triunfante, Elsa cabalga hacia el amanecer.

 

 

13-Conclusiones

 

    Algo que me ha llamado mucho la atención mientras escribía este ensayo es cómo Frozen I y Frozen II muestran el poder de una forma tan distinta a la mayoría de las historias. De algún modo siempre se introduce la visión de la magia como «poder para alzarse sobre los demás y dominarlos». Pero en estos dos largometrajes la magia únicamente se ve como un don hermoso con el que encontrarse a uno mismo, con el que empoderarse internamente y para el bien propio y colectivo.

 

    «El frío a mí nunca me molestó». Esta frase final de Let It Go ahonda más en la diferente percepción de este poder. Demuestra cómo el problema no está en Elsa, sino en la concepción que tiene la sociedad de su magia. En nuestro mundo ocurre lo mismo: se oprime ese algo que se sale de la norma y que asusta por ser diferente. En sí, ese algo es neutral o incluso beneficioso si lo interpretamos como la diversidad personal y humana. De esto podemos aprender, pero por determinadas construcciones culturales, el algo acaba siendo visto como malo y se nos hace creer que así es. En consecuencia, reprimimos esa voz consciente que clama por salir y decirnos: «Cúrate la herida y sé libre».

 

    La odisea de Elsa refleja todo esto. Se ha hablado mucho sobre si Let It Go y Show Yourself son los himnos de ese yo reprimido que lucha por liberarse y encontrarse en su verdad. Gracias a la universalidad de las canciones, Elsa se ha convertido en un referente para todo aquel que se busca, independientemente de la razón por la que lo haga o el camino por el que transite. Por esto, tantas personas se identifican con Elsa, pues qué vehículo más claro que su búsqueda autoconsciente para representar todos estos viajes internos que emprendemos.

 

    Por todo esto me parece tan bonito el viaje de nuestra joven reina helada. Nos ofrece una visión muy amable de la conciencia y el amor, de nuestras luchas y nuestros miedos. Verla marchar por la vía cartesiana en Frozen I nos advierte de que tengamos cuidado con ese abandono de la mímesis y de que no dejemos nunca de estar llenos de afecto. Y seguir en Frozen II su búsqueda de sí misma nos anima a dirigirnos a nuestro propio encuentro escuchándonos siempre y a cuidar nuestra memoria para avanzar hacia un futuro de libertad. Que nuestro yo se transforma y evoluciona y en honor a esto podamos con orgullo cantar: Here I am, I’ve come so far. Porque esta historia en la que la conciencia se alza para brillar puede ser para cada uno de nosotros un aliento de esperanza.

 

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1  Zambrano, María. Filosofía y Poesía. México. Fondo de Cultura Económica México. 1939, p. 58.

  Eco, Umberto. Apostillas a El nombre de la rosa. Barcelona. Lumen. 1984, p. 9.

3  Descartes, René. Meditaciones Metafísicas. Madrid. Espasa. 1937, p 131.

4  La fuente de esta cita es incierta, pues se recoge a lo largo de la tradición que los discípulos de Aurobindo desarrollaron a partir de él.

5  Zambrano, María. Filosofía y Poesía. México. Fondo de Cultura Económica México. 1939, pp. 30-31.

 Zambrano, María. Filosofía y Poesía. México. Fondo de Cultura Económica México. 1939, p. 9.

 Hume, David. Tratado de la naturaleza humana. Madrid. Editora Nacional. 1977, pp. 397-314.

 

 

 

Bibliografía:

 

Descartes, René. Meditaciones Metafísicas. Madrid. Espasa. 1937.

Eco, Umberto. Apostillas a El nombre de la rosa. Barcelona. Lumen. 1984.

Hume, David. Tratado de la naturaleza humana. Madrid. Editora Nacional. 1977.

Zambrano, María. Filosofía y Poesía. México. Fondo de Cultura Económica México. 1939. 

 

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