EL MAL
Noches de jardín

EL MAL

Esta reflexión surge a propósito de un filo-café virtual sobre este tema, organizado por la filósofa Ester Guirao. Dichas charlas son periódicas y versa cada una de ellas sobre una cuestión filosófica: https://arjephilo.com/

Eduardo Esteban Gracia | 12 sep 2020

 

EL MAL[1]


un concepto consustancial al ser humano en todos los contextos históricos (ya desde los tiempos del diablo y de Adán y Eva en que se comete el pecado)…

    Podría decirse que el mal viene al hombre como enfermedad al cuerpo (decía Voltaire). Para Hobbes el hombre parece malo por naturaleza; en Rousseau sería bueno. Según Tolstoi en su “Origen del mal” provenía del hombre, del amor, de la ira o del miedo. Pero, ¿sería a propia naturaleza humana la que nos condena a caer en el mal? ¿Debemos seguir entonces a nuestra naturaleza que nos destruye?


    Decía Sócrates que hacemos el mal por ignorancia y que al saber, el Bien se impondría al Mal, pero el Mal atrae. Parece que hay pulsión de mal, el Mal arrastra, la propia razón humana podría decirse un impulso que  permite hacer el Mal. Según Freud el Mal existe y está en nuestras entrañas.


    San Agustín decía que de joven saqueó un peral no tanto para disfrutar de las peras como por la transgresión que le producía esa “transgresión-pecado”. ¿Cómo es posible esa atracción hacia el Mal si es reprobable?

 


    Ha habido filósofos como Nietzsche (con su relativismo moral) que no distinguían bien las categorías del Bien y del Mal. Podría pensarse que cualquier cosa que hagamos está dentro de lo natural, se lleva a cabo desde un yo sin receta moral (sin reparar si está bien o mal) y que respondería a un estímulo. Así, si desaparecen las fronteras entre el Bien y el Mal, la razón nos puede empujar al delito. Sin embargo, Dios distingue ambas categorías y nos despeja esa incerteza. Habría una filosofía posmoderna (y ciertas estructuras imperantes), con corrientes individualistas, en las que se parecería a un nihilismo donde parece haberse recrudecido el Mal.


    Pero el Mal ya existe de siempre, hay como una voluntad de egoísmo hacia el tú: el otro sería un enemigo y yo debo defenderme.
¿Se puede conocer a una persona malvada por su aspecto, carácter o su mirada? ¿Cuánto hay de gen o de carácter adquirido? ¿Se nace o se hace? La bondad o maldad humana está en todos grupos o condición, la bondad-maldad es  transversal (Víctor Frankl).
 ¿La víctima es persona buena? ¿Cómo encasillar y poner grises a la cuestión? ¿El hombre es el ser que decide lo que es? ¿Tanto el que hace una oración como el verdugo de la cámara de gas?  Tiendo a pensar que el Mal depende más de la situación que del carácter intrínseco. Si se separa ética y estética se puede ser bello y cruel. Hannah Arendt en su “Banalidad del mal” sostiene que el individuo que está dentro de un sistema aplica acciones monstruosas sin reflexionar sobre el acto cometido y sus consecuencias.
Para hacer el Mal se debe interactuar con otras personas y esto está relacionado con la falta de empatía y la cosificación del ser humano objetivo de esa acción.

               

                                                
    El Bien y el Mal presentan una forma dual en la que parece no poderse hablar de uno sin el otro. Decía san Agustín que el Mal era metafísicamente imposible sin el Bien, pero ambas categorías tienen cada una  u realidad. Se ha insistido en que la maldad se corrige con el conocimiento o que detrás de la maldad está la ignorancia. Recuerda a Cristo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.
Con todo esto parecería una lucha entre el intelecto y la voluntad del individuo para poder superar el Mal… ¿Quién predomina en cada momento para contener esa mala acción? Cuánto más conocimiento menos riesgo del mal, pero siempre queda la voluntad propia o inducida. El sujeto puede llegar a cualquier meta (amparado en tesis de reforzamiento individualista) sin pensar en el daño ajeno. Si somos ignorantes de uno mismo, ¿cómo seremos conscientes del dolor externo? De nuevo esa falta de empatía induciría el Mal, esa expresión de miseria y debilidad humana.
El Mal está ahí, desde siempre, como parte inseparable del ser humano, y me pregunto: ¿esa atracción por transgredir que induce al Mal proviene de una cierta irresistibilidad de dominio y de voluntad de poder sobre la/las víctimas, de ganar territorio, de sentirse superior quizá por una falta de autoestima,   mostrando miseria y debilidad, reaccionando para “recuperar un terreno imaginario” en ese desviado estado mental...

                                                                                                                                                                                                   

 

[1] Esta reflexión se basa en la charla de Ester Guirao de www.arjephilo.com. Muy recomendables las charlas (filo-cafés virtuales) que se realizan de modo periódico sobre diversas cuestiones filosóficas.

 

Imágenes:

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