Con Leo en el Olimpo (Leopoldo Hércules)
El Latido

Con Leo en el Olimpo (Leopoldo Hércules)

Era necesario adentrarse en la Montaña Mágica para encontrarse con Leopoldo, entre libros y gentes de letras, vecinos, amigos, paseantes…Amigos suyos, amores suyos. Tiempos de pasión compartida, compasión, generosidad, un cigarrillo y una copa. Cuantas volutas de humo se encierran en tus palabras, volutas hechas piedra, flor, cielo, fuego, amor…Descansando en un rincón la capa, una caricia al aire; el bastón más elegante, el whisky pendenciero, el cenicero boquiabierto. Un montón de palabras, huérfanas de pluma, de su pluma; de esa tinta latente. La vida en la sombra, magna presencia, mágica ausencia. Las hormigas seguían cayendo del jazminero, le buscan en los pliegues de la mesa, debajo de las uñas del tiempo; los perros venían lastimeros a lamerle los huesos del alma. No quedan michirones!!! y el último vino se vertió en la sonrisa; la noche venía con el aliento frío, imposible ante ese abrazo siempre cálido. Se le presentó, por si no le conocía, es bueno establecer contacto; un ami

Antonio Baeza | 25 feb 2019

Era necesario adentrarse en la Montaña Mágica para encontrarse con Leopoldo, entre libros y gentes de letras, vecinos, amigos, paseantes…Amigos suyos, amores suyos. Tiempos de pasión compartida, compasión, generosidad, un cigarrillo y una copa. Cuantas volutas de humo se encierran en tus palabras, volutas hechas piedra, flor, cielo, fuego, amor…Descansando en un rincón la capa, una caricia al aire; el bastón más elegante, el whisky pendenciero, el cenicero boquiabierto. Un montón de palabras, huérfanas de pluma, de su pluma; de esa tinta latente. La vida en la sombra, magna presencia, mágica ausencia. Las hormigas seguían cayendo del jazminero, le buscan en los pliegues de la mesa, debajo de las uñas del tiempo; los perros venían lastimeros a lamerle los huesos del alma. No quedan michirones!!! y el último vino se vertió en la sonrisa; la noche venía con el aliento frío, imposible ante ese abrazo siempre cálido. Se le presentó, por si no le conocía, es bueno establecer contacto; un amigo es un amigo.

Murmullo de espuma, ruido

rubia la cerveza en el tiempo cano

y como surgiendo de la noche

más noche en mitad de la vida

un asalto a los años

de los latidos perseverantes

aupados de bruma a cuarenta y cinco grados

en la mente se expande

en la mano la misma rosa de siempre

que sube y se pierde

otro es el mismo cigarrillo

la noche de los amigos de la noche

cerrada en la capa

sin huida, el vértigo

más tarde no quedará tiempo

no quedará piedra sobre sueño

porque es luz

es espera

un momento

y un silencio

que nos han regalado sin pies.

Rodeados de dioses de tinta y papel, dioses de las palabras dichas o escritas. Olimpo que cesa un instante, se cumplen los tiempos. Teníamos tanto que contar, tanto que vivir aún, tanto que sentir. Arropados bajo el calor de su mirada, nos reunimos, nos sonreímos, conectamos y nos hicimos cómplices, sólo se puede ser amigo cuando existe complicidad, cuando existe un latido común, cuando se vibra con la misma intensidad.

Un poco más abajo, lejos de los dioses, los semidioses, los humanos, los habitantes de Athenas. Con la vista puesta en las alturas, normalizan su devenir, lo intentan. Suenan las primeras notas de los Inner Demons con Fernando Rubio; la única vida posible en el espacio entre el Olimpo y la Tierra, el Cielo y Cartagena. Aquí hay canas visibles en la oscuridad de tan oscuro espacio, hay amigos de antaño escondidos en la sombra de una cerveza. Soñamos en tiempos distintos, en acordes distintos, en distintas partituras. Se nos cuelan amigos que fueron y se fueron, los traíamos prendidos a la piel.

Lástima de la frialdad ambiental, a la que hubo que suministrar muchas dosis de imaginación. No es la organización, es el alma.

Vivimos la trampa que somos

o nos mecemos en las ramas

caducas como las caléndulas

es tiempo, que no es

de vergüenza inexistente

Las hojas que no son horas

sonoras en el silencio

de una piel ajada

y caída la mirada

como se eleva el alma.

Al final, la noche se cierra con los párpados pesados; los músculos buscan su ansiada recompensa; los huesos se disuelven. Volveremos a subir a esa Montaña Mágica, si la mañana nos pone en el camino, si la noche nos llama con sus estrellas titilantes, si la luna se asoma a nuestros ojos. Tenemos que vestir esta desnuda realidad que nos hemos otorgado aquí, en la Tierra. Rodeados de fibras sintéticas, invadidos por lo sintético, asimilados a lo sintético.

Pusieron vaselina en los cañones

armaron la desarmada paz de los hombres

en los hombros el polvo mágico

la noche pervertida, puro vicio

del eco al anonimato en la forma

Sigue al ciego!

La ruptura y rerruptura del que rompe rompiéndose

un eco no deja de ser una ola

y adiós!

Los cuentos no se hicieron cara al sol,

la luna, más amable

escribe nuevos cielos

donde posar las futuras especies

las futuras fortunas de una rueda

suena, llueva

o nube, tuve

Como un soplo el hielo del vacío

y el silencio como cuna.

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