Crónica de fin de marzo (Vuelo libre)
El Latido

Crónica de fin de marzo (Vuelo libre)

Ahora que el mes nos deja hueco, antes de entrar en Abril, nos desayunamos la semana última con la filantropía simpar del señor Mondejar; a quien parecen hacerle chiribitas los ojos, al contemplar sus cuentas bancarias. ... (seguir leyendo...)

Antonio Baeza | 31 mar 2019

Ahora que el mes nos deja hueco, antes de entrar en Abril, nos desayunamos la semana última con la filantropía simpar del señor Mondejar; a quien parecen hacerle chiribitas los ojos, al contemplar sus cuentas bancarias.

El cartagenerísmo del señor Mondejar choca frontalmente con sus intereses personales. No conforme con haberse apropiado de la Cruz Roja, tiene que expandir sus dominios a un BIC como la Cárcel de San Antón, que debería quedar como recuerdo para la memoria de la ciudad. El capital no tiene sentimientos.

A éste señor se le pasa por alto lo que los políticos han hecho por nutrir sus haberes y olvida que gracias a la contribución de los cartageneros, vive opíparamente, alejado del juramento hipocrático, de códigos deontológicos y de la humanidad. Lo concertado es defraudado a la ciudadanía, eso debe tenerlo en cuenta, en la otra cuenta de su vida. La avaricia no conoce límites.

Tampoco se ve la acción de la Justicia social en la demora que ha puesto la UE en el asunto de los plásticos de un solo uso. Vamos con retraso y aún piden que sea en el 2021. La UE es una unión económica, de mercados. Creéis aún que van a defender la naturaleza?

La justicia confirma que Peñarroya debe clausurar y restaurar 341 minas, si no fuera porque lo he leído como titular en la prensa seria, pensaría que se trata de otro chiste de los que duelen con dolor propio y ajeno. Peñarroya, tiempo ha, se declaró en quiebra; la justicia llega tarde y mal donde llega. Los responsables subsidiarios, tendrán ahora tiempo más que suficiente para repartir sus responsabilidades y preparar salidas suficientes, para que todo quede en un pequeño pescozón. Todos contentos.

El Lunes al Sol, último del mes y último por las mañanas; dedicamos el paseo al Cambio Climático, La Escuela Inclusiva, el Rosell…Las desvergüenzas de unos pocos, nos dejan con el culo al aire a las mayorías; pero nos vamos acostumbrando, no pasa nada.

De Norte a Sur, seguimos dando pasos, seguimos dando lo que podemos dar, ponemos cara a la esperanza, ponemos aliento a quien lo necesita.

Y mis palabras, las palabras, restallan sobre el muro gris de hielo; palabras que había atesorado y mimado hasta el extremo, se rompen a pedazos, sobre el gris frío y solemne de infamias. Cada cual se lleva su parte, a su parte, a un aparte y traduce, traslada, comenta y expone sin cartel visible; su postura de alejamiento, de obsolescente desacuerdo.

No esperaba más soledad que la que siento, en la incomprensión de una mar ajena, alejada; pero amenazante. Encrispada sobre mi mirada temerosa siempre, huida, como solución extrema a la amenaza latente, evidente.

Hora es hora, ahora es ahora, no ora la hora, ni es hora de la oración; tres por cuatro veintiuno. Las normas insatisfechas se retiran a normalizar su ecléctica pulsación. Es hora de venir al tiempo, la mentira de un tiempo que no es más que seguir y volver la mirada, siempre el tiempo es móvil, porque varía el espacio, varían los espacios internos, en cada instante de la respiración. Soportamos un cielo que no nos proporciona respuestas. Tampoco hallaremos respuestas entre las gentes que nos acomodan un espacio junto a su espacio. Parece que hemos conquistado la luna y las dos; los espacios secos y áridos se nutren de nuestro sudor colectivo. Esta no será la crónica de una muerte anunciada; será lo que la vida depare, lo que la vida sea vida.

Desde la más profunda de las soledades, el perro mira con actitud de araña, todos sus ojos abiertos, sus quelonios atentos, sus redes dispuestas. El alimento pierde importancia, es actitud de amores disueltos. El gato no sube la escalera, próximo al primer peldaño, contempla el salto último, se recrea en el espacio aún no creado; su alimento es la niebla de la mirada; la opacidad del pensamiento.

Desde el silencio correspondiente, dos monolíticas moles de estaño y carbón. El espejo huido del alma vacua y la sangre que pugna por hacerse hueco en tan inmenso espacio.
Hemos hecho la espera más eterna, un poquito más infinita que las manos y los sueños. Hora es ahora de asumir y asumar, de coptar y coaptar. La mentira replica en las sombras de los rincones y sale pringada de telas de araña, pelos de sapo, cadáveres variopintos.

Carlos Alberto Alcaráz—

La vida loca que coloca

esa hora, es ahora

el conejo se pierde bajo la chistera.

Es tarde, nunca es tarde,

más que las tardes de Primavera.

Oh! Primavera

que estamos-somos Primavera.

Pensaríamos si la neurona, loca ella,

nos lo permitiera;

no tenemos permiso,

no tenemos tiempo,

no tenemos nada.

Luego algo tenemos.

Un muro abierto

da para más o menos,

importa lo justo,

justo lo que quieres que importe.

La vida es eso,

el chiste que nos contamos a diario,

el que no sale en la prensa

ni en los telediarios.

ADios! Gracias!

Un relámpago en mitad de la cueva de mis pensamientos, la tarde que dedicamos a Carlos en un concurrido espacio cartagenero.

La esencia de Cartagena es así, paseamos por bares y plazas, paseamos por la vida, paseamos por la orilla de la mar, por la orilla del infinito. Algunos ya se han apuntado a pasear a la otra orilla del infinito; los sabemos cerca; pero no los vemos.

No se si fue ayer, cuando me paré a hablar contigo; volvía del Arlequín (tuvo que ser hace tiempo). Era de madrugada y salías a respirar la noche callada unos metros por encima del asfalto de la calle del Duque. Hoy, ayer, mañana; estoy en el edificio que lleva tu nombre (Alberto Colao) y un silencio me habla de la Educación Pública, como desde la trinchera; nos están dejando en nada. De otro lado, en la sala, se abona la cooperación, se confluye, se ilusiona, se sonríe, se puede; claro que se puede. Si 

dejamos atrás tanta miseria, tanta ruindad, tanto cainísmo, tanta mediocridad. Se puede, claro que se puede.

Hay dos clases de políticos, los que defienden a las Personas y los que defienden a los Mercados. Así lo intuyo, así lo diferencio, lo defino; lo demás, son apuestas en un bar, arrojar dinero al pozo de los deseos.

Como sé que mis huesos son incómodos para muchas personas, sigo escribiendo huesos, por si aún a alguien no le he incomodado, o por si no lo he hecho con suficiencia.

Me van a permitir que estire un poco mi anatomía, da igual si se oponen en la distancia, porque me tomo el espacio necesario.

Como decía de perros y gatos, de arañas y conejos…Las chisteras, chistean por doquier, hay olivicas para dar vueltas, hay musarañas escondidas en huecos inaccesibles, hay pensamientos que difícilmente afloran, hay palabras que jamás debieron ser pronunciadas, hay personas que están por las demás y otras que meten su nariz en su ombligo. Hay tantas cosas de las que hablar, de las que vivir, de las que soñar; que la esperanza corre de nuestra cuenta, una cuenta con muchos ceros y un número entero delante.

Esto ha sido la crónica de la última semana de marzo.

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