Del cambio climático
El Latido

Del cambio climático

Venimos de un domingo en casa de Miguel, adonde fuimos a poner un poco de claridad; a veces, es necesario poner las cosas en su sitio, para poder ver las cosas; aunque tengamos que perder algunas cosas en el intento. Algún ratón tuvo su ocasión de poner a prueba sus dotes de evasión, el pino de la entrada se resistía a dejarnos franca la entrada, nos tocaba el cogote, nos rociaba con un polvillo que nos procuraba desazón. Zula defendía su baluarte; pero era muy permisiva a las caricias... (seguir leyendo...)

Antonio Baeza | 18 mar 2019

Venimos de un domingo en casa de Miguel, adonde fuimos a poner un poco de claridad; a veces, es necesario poner las cosas en su sitio, para poder ver las cosas; aunque tengamos que perder algunas cosas en el intento. Algún ratón tuvo su ocasión de poner a prueba sus dotes de evasión, el pino de la entrada se resistía a dejarnos franca la entrada, nos tocaba el cogote, nos rociaba con un polvillo que nos procuraba desazón. Zula defendía su baluarte; pero era muy permisiva a las caricias; salían juguetes, trapos, papeles, herramientas, cds, casettes; salían recuerdos que no recordábamos, a los que Miguel ponía palabras, ponía sentido, algunos sinsentidos, amores, aquella leve sonrisa, la lágrima que se asomó al balcón del párpado. Al final, la claridad nos daba la razón, la cara de Miguel lo corroboraba.

Son esas pequeñas luchas cotidianas las que nos hacen grandes, las otras, las luchas grandes, están preñadas de infinidad de las primeras. Las que no se ven, incluso provocan alguna sonrisa de desdén; son las luchas de cada día, en ellas están también presentes las personas que luego vemos en las luchas grandes, presentes, pero no necesariamente visibles. No buscan la foto, eso ya queda para sacabarrigas de siempre.

Me incluyo, como a un grupo de gente normal, mi grupo; en estas pequeñas luchas de cada día, a comprar el pan por el Rosell, a por la compra por las pensiones, a pasear por el carril bici, a saludar al vecino por la Educación Pública. Eso es lo que vivifica las calles, nos vivifica a las personas.

Reivindicamos también la vida de aquellas personas a las que se las arrebatan injustamente, visibilizamos a las mujeres asesinadas a manos de sus parejas, o de hombres que poco tienen de humano; de los menores que nunca llegarán a la edad adulta, segada la vida por esos mismos seres innombrables. Desgraciadamente, el lunes, que habíamos comenzado con nuestro habitual Lunes al Sol, de Norte a Sur y poniendo el reconocimiento a tantas personas y colectivos que luchan por lo que es público, lo que disfrutamos todas las personas gracias a la lucha de las personas que nos precedieron, también por ellas, defendemos lo que nos han legado. Ese lunes que amanecía con la luz de un sol espléndido, daba paso a una tarde noche de obligado paso por El Icue, una vez más, una mujer menos, una persona con nombre y apellidos, no un número, no unas pocas palabras sobre cualquier papel; no otra cosa que un ser vivo, con sus grandezas y miserias, con su vida en activo. Libre, no esclava de nadie, no posesión de nadie; necesaria para la propia naturaleza que la había puesto en el mundo. Todos los derechos deshechos, todas las esperanzas frustradas, todos los latidos perdidos, todas las miradas, todos sus gestos, sus palabras, sus caricias, sus sonrisas...Todo abortado por la mano del que creyó ser su dueño. “Nos queremos vivas, nos queremos fuertes”; dicen ellas, y cualquiera que tenga entre los hombres un poco de sentido, repetirá; “Las queremos vivas, las queremos fuertes”. No nos sobran las hermanas, las madres, las sobrinas, las primas, las cuñadas, las tías...No nos sobra ninguna, son esenciales en la vida, en nuestra vida, en la vida de esta Tierra madre y ejemplo para sus hijas e hijos.

La actividad interna del grupo nos tiene de los nervios, al borde de un ataque de risa, al borde de la locura; pero por la parte de dentro. Hay proyectos que se resisten a ver la luz, hay burocracia que nos lleva de los pelos, hay apoyos internos y externos; no podemos ceder, tenemos que dar un paso más. Aquí nos tienes, cumpliendo plazos, cumpliendo días, cumpliendo sueños…

Pasamos a ras todos los obstáculos del camino, acabamos la semana burocrática victoriosos. Quedamos a la espera de resultados que dependen de otros, instituciones, frente a las que no somos más que otra oferta.

Nos quedamos en la puerta del Viernes del Cambio Climático, esperando infructuosamente la convocatoria en nuestra ciudad. Los jóvenes en Cartagena andan enredados en otras dinámicas, el consumismo es lo que tiene. Ahí los tienes, dejándose seducir por el diablo, haciendo el agosto a las grandes superficies, llenando sus cuerpos de esos venenos legales.

Y ahora, metidas de lleno en el Cambio Climático, nos tomamos unas cervezas fresquitas en pleno invierno polar, o un asiático a la luz del sol más achicharrante, así no hay quien viva. Lo peor es que es la herencia que dejamos a esos que siguen sin voz, tras los pupitres; silenciados como si no existieran, ellos de los que decimos “son nuestra razón de ser”. Muchos y muchas tenían decidido ahogar sus voces en el botellón previsto para el día. Andaban ocupados en agruparse, en animarse, en comunicarse; en vivir rápido la circunstancia favorable del día. El Sistema tiene razones que muchas razones desconocen. Sobre todo cuando las razones están poco curtidas, cuando las mentes en formación, han sido sometidas a la brutal deformación a que las someten los mismos medios del Sistema. Cerrando el círculo cárcel en el que nos vemos sometidos, ellos y nosotros.

Pero seguimos empeñados en ponerles voz, en ponerles futuro, en ponerles tierra bajo los pies.

Y del presente futurible al pasado irrepetible. Gracias a Memoria Histórica de Cartagena, hemos tenido la oportunidad de contar con la presencia y las palabras de Pedro Costa, coetáneo y amigo de Artemio Precioso, mayor republicano del que nos vino a contar cosas que sólo son permitidas a personas cercanas, secretos que la historia nos ha venido escondiendo; secretos que han condicionado la vida de toda España en los últimos cuarenta y tantos años. En fin, detalles de una historia que explican la manera de proceder de la dictadura fascista de Franco y todo su séquito de asesinos y traidores. La miseria y la falta de altura humana de algunas personas, en un momento determinado, nos abocan a las mayorías sociales a sufrir durante años. La infamia de algunos personajes que auparon al poder al petimetre criminal.

Pedro Costa, junto a Artemio Precioso fueron pioneros del ecologismo en España, institucionalizandolo, dotándolo de forma y contenido, luchando contra la apatía de los partidos políticos más progresistas, incluso contra su propia ideología. La semilla estaba plantada, y se la nutría convenientemente, a pesar de los poderes contrarios, de los poderes que sólo aspiran a poder; pero que nada pueden contra la realidad de la vida, contra la madre Tierra.

Había mucho más que contar; pero me he quedado con esta foto de mis 15 años...

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