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Será la parte que, en lo humano, nos queda de la bestia que fuimos, las evoluciones van a distintos ritmos, esto es evidencia que creo no necesita contestación, ni más alargue. Partes tenemos que nos subliman del animal, partes que nos unen a lo que de animal nos queda; seguimos siendo animales, evolucionados o no, dependiendo de los momentos y las circunstancias. A veces añoramos aquellas intuiciones perdidas; esa capacidad felina del salto instantáneo, o las distintas adaptaciones al medio, la paciente espera. Añoranzas de un pasado que han dejado trazas indelebles en nuestro humano porte...(SEGUIR LEYENDO)

Antonio Baeza | 2 jul 2019

Será la parte que, en lo humano, nos queda de la bestia que fuimos, las evoluciones van a distintos ritmos, esto es evidencia que creo no necesita contestación, ni más alargue.

Partes tenemos que nos subliman del animal, partes que nos unen a lo que de animal nos queda; seguimos siendo animales, evolucionados o no, dependiendo de los momentos y las circunstancias.

A veces añoramos aquellas intuiciones perdidas; esa capacidad felina del salto instantáneo, o las distintas adaptaciones al medio, la paciente espera. Añoranzas de un pasado que han dejado trazas indelebles en nuestro humano porte.

Nos adentramos en el siglo XXI, temerosos de lo que el devenir nos ha de traer, tras la ingente y desastrosa gestión que del planeta hemos hecho, unos, más que otros.

Tanto adelanto, a donde nos ha traído? Al punto de partida? O quizás a algunos milenios antes? De la respuesta depende probablemente nuestra subsistencia en el futuro.

En éste medio impostado y forzado, me llega la noticia de que, a la hija de una amiga, la ha estado persiguiendo una pareja en coche. Una pareja de qué? Deberíamos preguntarnos. Al parecer mostraban una porra, las tópicas formas de vestir, de actuar; regidas por una idea básica, ya que no le caben más ideas. Esas bestias inmundas que hoy, más que nunca, abandonan las cloacas donde debieron ser exterminadas. Salen de nuevo cara al sol, que es lo que más les pone, el brazo en alto, “volverán banderas...”. Y aquí estamos tragando sapos a todo trapo y sin más líquido que el de nuestro sudor y nuestra sangre. Quien ha alimentado, todo este tiempo, a esas subespecies? Nuestra distancia, nuestra ignorancia, nuestro miedo, nuestra condescendencia. A nadie se le pregunta si quiere que se le extirpe un tumor maligno, a nadie se le pasa por la cabeza no extirparlo. Eso es lo que hemos consentido; aturdidos por el humo de cien batallas de cuento, perdidos en lo más profundo de un bosque social y político que abonan y cuidan con esmero las élites económicas. Todo lo que conviene ocultar, permanece oculto; todo lo que es necesario obviar, se obvia. Quienes detentan el poder, mueven todos los hilos y resortes, para seguir haciéndolo, y como siempre, pese a las vidas que cuesta. Por eso, entre las semillas de las buenas hierbas, de las buenas gentes, siempre han colado las de la mala hierba, la maldad.

Se insiste por todos los medios en que todos somos iguales, que tenemos los mismos derechos. Pero no hay igualdad cuando algunos parten con la ventaja que les otorga la capacidad de poner las reglas del juego, no hay igualdad si para defenderla se necesitan FUERZAS distintas a las del intelecto; ni cuando se miente con cinismo, ni cuando se obtienen mayores beneficios sacrificando a otra persona. No es lo mismo nacer en el corazón de África, que nacer en una clínica privada Europea, así comienzan dos vidas distintas, no hay ni habrá nunca igualdad entre ambos seres; no puede haberla siguiendo las mismas normas; pero es que, además, esas diferencias de inicio, se irán profundizando a lo largo de las vidas de cada uno de ellos.

Como, "las industrias, producen trabajo" y "dan de comer a muchas familias"; nos vemos en la obligación de tragarnos todas sus mierdas (en plural, por ser variadas). Lo venimos haciendo desde que los romanos, con sus patas liadas, vinieron en busca de la plata, o incluso desde antes de ellos. Se despoblaron los montes para hacer las galerías de las minas y los barcos que transportaban el mineral a tierras romanas. Nos quedamos con los sobrantes, lo esparcimos por el medio ambiente; nos quedamos con la miseria y nuestra sierra horadada. Luego vendrían las grandes empresas multinacionales, auspiciadas por el franquismo y la dictadura que ataba los cojones al pueblo de España y particularmente a la castigada Cartagena y su comarca. (Habíamos sido muy malos con don Paquito). Él mismo se encargó de que Cartagena se aborregara hasta límites cercanos a la idiocia, en que actualmente se encuentra. Siguió con la minería, introdujo empresas muy contaminantes, para que los herederos de unos cartageneros cabales y amantes de la naturaleza, de la vida y sus gentes, nos muriéramos pronto y, por el camino, sufriéramos toda clase de enfermedades. En Cartagena las muertes por contaminación, siempre fueron silenciadas, vienen a ser como los daños colaterales; los que nos atrevimos a sacar a la luz toda la verdad, fuimos declarados traidores al pueblo, a la clase obrera; los voceros de aquél régimen estaban debidamente aleccionados para hacerlo así. Con la llegada de la pseudodemocracia que perdura hasta nuestros días, las cosas no fueron a mejor, solamente, se le dio una mano de pintura a todo lo que la contaminación nos había traído; las empresas, y su enorme poder económico, junto a la mayoría del clero, los militares, y el facherío generado a lo largo de los cuarenta años de dictadura, se encargaban de que todo siguiera “atado y bien atado”; para ser unos hijos de puta (perdonen las putas, que no tienen nada que ver en esto), bastaba con negar el pan y la sal a cualquiera que osara discutirles; todo lo cual los honra como hijos de la Santa Iglesia Católica y está en consonancia con lo acontecido a lo largo de su existencia. Todo esto, sin tener en cuenta que los enormes beneficios que obtienen las industrias, les permitirían poner los medios necesarios para evitar la contaminación, se crearían más puestos de trabajo y evitaríamos muertes innecesarias, amén de las muchas enfermedades que estamos padeciendo. Pero eso, es un cuento de rojos a los que viene bien exterminar, en ello están.

Teníamos en Cartagena un hospital de vanguardia, que velaba por la salud de las personas; me refiero al Hospital del Rosell. En el se gastaron unos cuantos millones para su mejora en los últimos años en que estuvo activo como hospital. Contábamos además con la cesión del Hospital Naval a la Seguridad Social, lo que venía a complementar los servicios necesarios para el Área 2, de manera que no era necesario meterse en muchos más gastos; hubiera bastado con acondicionar y mantener ambos hospitales. Pero era necesario sacar unos dineros para D. Florentino Pérez al que se cedieron unos terrenos contaminados por los años de exposición a los malos humos de Explosivos Rio Tinto, para que en ellos se llevara a cabo un nuevo desfalco a las exiguas arcas regionales. Se construyó mal y deprisa, no se dotó de los accesos necesarios y se cuidó mucho de que el parking fuera de pago, cosa que no se suele hacer ni en las grandes superficies; pero los consejeros de sanidad y todos los mercaderes de la medicina enchufados en la Sanidad murciana, dieron su visto bueno. Poco importaban los servicios que se perdían en el camino, la exclusión a que se sometía a grandes sectores de la población cartagenera de los servicios de una sanidad pública, pagada con nuestros impuestos. Se completó la estafa declarando al Hospital Naval afectado de aluminosis; aunque, a pesar del abandono de todos estos años, ahí continúa, testigo mudo de nuestro desdén por todo lo público; ya se ocupan de ello las preclaras mentes que votan la mayoría de cartageneros y cartageneras. El Hospital del Rosell, sigue siendo un ambulatorio, a pesar de la Ley del Rosell, por la que se acordó en sede parlamentaria, de volver a poner al 100x100. Los que nos tuercen el pensamiento, van a la privada; la sanidad pública va camino de ser una beneficencia sólo para los pobres que no podemos acceder a la privada, a la que encima costeamos gran parte de su mantenimiento.

En el Mar Menor es un notorio ejemplo de las políticas llevadas a cabo por el bipartidismo en éste país. La inacción o la acción nefasta de nuestros gobernantes; las diferencias creadas entre las personas afectadas, las unas económicamente, las otras patrimonialmente, culturalmente, o ecológicamente; son también un subproducto de la política de grandes fastos, la megalomanía de nuestros políticos no puede pararse en la Naturaleza, demasiado grande para sus inexistentes neuronas y menos empatía.

Creo que hay muchos factores que han llevado al Mar Menor a la situación actual, probablemente, el Trasvase sea el más importante; pero no podemos olvidar la especulación urbanística, ni la nula aplicación de los criterios ecológicos que se han venido demandando desde hace muchos años. Discurrir soluciones entre muchas personas, técnicas en sus materias respectivas, asumir las demandas sociales y unir, más que separar. Están en el camino de esas soluciones, es tiempo de que nos pongamos de acuerdo.

Cómo puede ver cualquiera, incluso los ciegos, parece todo un puzzle de difícil resolución; pero tras esa confusión a que nos somete el sistema, existen otras vías; las vías que se vienen poniendo sobre la mesa una y otra vez por el denostado rojerío. El nexo de unión entre todas estas anomalías en el normal discurrir de la vida, deben achacarlas ustedes a las mismas personas en que fían sus ahorros, su educación, su salud, su alimentación, su ocio, su vida.

Esto ha sido, es y será una constante lacra de la humanidad que no merece tal nombre. Una constante que sólo se puede cambiar desde la base, desde el nacimiento; haciendo extensivas y participativas todas las posibilidades que tenemos como seres humanos indistintamente de nuestro lugar de procedencia, raza, sexo, religión. Para que esto no tenga lugar, los poderes económicos, nutren a estas fieras para que defiendan sus intereses y las sacan cada vez que lo consideran necesario. Sembrar el miedo y el odio, es cosa que les viene muy bien a los grandes capitales; evita la tentación de sentirse uno mismo y a través de esa evitación, de sentirse uno con los demás, de empatizar. Luego vendrán a vendernos que ellos luchan contra la violencia, por nuestro bienestar, por nuestra libertad. Para justificar sus gastos en defensa, sus gastos que emplean, sistemáticamente, contra las personas normales, mientras siguen fomentando el odio, el miedo, la opresión. Claro que, de cuando en cuando, sueltan un caramelo, si no, sería imposible que colaran sus propuestas.

Porque levantamos la mirada, vimos que había un cielo, porque nos pusimos de pie, pudimos caminar, ahora toca, unir; buscar ese cielo que ansiamos como especie, ese punto superior en nuestra evolución, dejar atrás las cadenas que nos han venido atando a la inopia, a la inacción, al anonimato. Somos porque se levantaron, porque gritaron la verdad a los cuatro vientos, porque apretaron el puño en alto, fruncieron el ceño, sudaron, sufrieron, murieron…

https://redcreactiva.wordpress.com/2019/07/02/nexus/

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