Salida como cada lunes y casi 6 años de paseillos con mensaje, hoy lunes desde Cartagena (y con amenaza de DANA) y Torrelavega
El Latido

Salida como cada lunes y casi 6 años de paseillos con mensaje, hoy lunes desde Cartagena (y con amenaza de DANA) y Torrelavega

Volvemos a salir, como cada lunes, hoy, 21 de octubre, a partir de las 19:30h. Y lo haremos desde la puerta del Rosell, en Cartagena; así como desde el Palacio de Justicia, en Torrelavega. Es muy posible que, desde algún sitio que otro más, colaboren y hagan lo propio. El Paseo con Mensaje de esta semana, en esta edición especial “De Norte a Sur”, lo dedicaremos ese incesante, absurdo y extrañamente viral: "RUIDO DE CADENAS"... (SEGUIR LEYENDO...)

Israel Buendia | 21 oct 2019

Volvemos a salir, como cada lunes, hoy, 21 de octubre, a partir de las 19:30h.   Y lo haremos desde la puerta del Rosell, en Cartagena; así como desde el Palacio de Justicia, en Torrelavega.

  Es muy posible que, desde algún sitio que otro más, colaboren y hagan lo propio.

  El Paseo con Mensaje de esta semana, en esta edición especial “De Norte a Sur”, lo dedicaremos ese incesante, absurdo y extrañamente viral:

"RUIDO DE CADENAS"

  Confundir escuchar con consentir; hablar con imponer; opinar con sentar cátedra; elegir con soportar; y ser mayoría con llevar la razón; nos aleja de quiénes somos, en el fondo y en sus diversas formas.

  Ruido de gallineros televisivos; de miedos chocando entre sí; de cegueras y sorderas que apenas vislumbran lo que tienen ante sí, cada día, cada vez que se empeñan, en diferido, en no verlo.

  Queremos vivir bien, tranquilos, respetados y, a ser posible, más contentos y satisfechos, que otra cosa. Y si es para los seres más cercanos y queridos, dudamos menos de estas peticiones, en el fondo, tan comunes, como nuestra humanidad.

  Queremos elegir, un entorno vivo y saludable, seguir aprendiendo a ser quienes somos, que es de lo que se trata… en el fondo, así como en sus diversas formas…

  De Norte a Sur, de arriba abajo y vuelta, de lo más elevado a lo más básico;  las personas que vivimos y convivimos en un mismo lugar, deseamos que nos vaya bien: es por ello que muchos nos salud-damos, felicitamos o conmovemos con las situaciones que otros viven.

  De hecho, entiendo que el noble ejercicio de la política consiste en hacer posible, vehicular y darle forma a ese impulso de vivencia y convivencia.

  Nuestra dimensión moral y ética; basada en aquello que nos hace tan valiosos, únicos y diversos, por un lado; y tan empáticos, imprevisibles y “familiares”, por el otro; posibilita y ennoblece el trabajo cotidiano de potenciar y visibilizar nuestro carácter político, organizador, coordinador, emprendedor y administrador de aquello llamado “res pública”.

  Los griegos lo consideraban como algo que, para ser de todos, no debía ser de nadie: la razón y su práctica humana y ciudadana; el CRATOS, o acuerdo, consenso, diálogo, y/o capacidad de tomar  decisiones de manera compartida.

  DEMOStrada está nuestra capacidad autoconstructiva, a lo largo y ancho de una vida, como si hablamos, en una escala mayor, de toda una historia, como la nuestra.

  Tan capaces somos de hacernos la guerra, como de ayudarnos y hacernos bien, más que otra cosa.  

  Para ello, -para hacernos el bien, más que otra cosa- aprender todo esto, nos lleva toda esa vida, esa historia, ya mencionadas, de las que ahora, a día de hoy, nosotros somos sus últimos y más actuales representantes.

  Sí, representamos, de una forma u otra, a todos los que vivieron, y convivieron, antes que nosotros. Nacemos con esa cierta predisposición a representar a aquellos que vinieron; así como a aquellos que están por venir

  Por tanto, y dicho así de esta forma tan poco “formal”; consideramos que nuestra formidable condición y apertura al ejercicio humano de la política, ha de estar presidido por la memoria y la imaginación, a partes, más que iguales, proporcionadas, equilibradas y ponderadas a según qué situaciones vivamos y compartamos.

  Entonces: ¿por qué nos conformamos con sucedáneos, sustitutivos de baja calidad, o simulacros?

  Higiene democrática, responsabilidad y flexibilidad para seguir actualizándose; capacidad de mejorar, cambiar, adaptar y utilizar las herramientas que sean necesarias, para seguir creciendo y aprendiendo a vivir y convivir. La diversidad que tanto nos caracteriza, debería ponernos a trabajar y actuar desde este mismo hecho incontestable.

  En los peores desastres, de cualquier tipo, hemos visto, también, lo rápida y efectiva que es la gente para coordinarse y ayudarse, apoyarse y trabajar de forma cómplice y solidaria. Ése también es nuestro patrimonio, nuestra riqueza, nuestro destino y nuestra historia.

  Incluso a niveles microscópicos, muchas de nuestras neuronas tienden a mirarse en un mismo espejo, provocando y haciendo posible esa empatía contagiosa y multiforme, siempre dinámica, siempre al acecho…

  No permitamos que la mediocridad, el miedo y la falta de esta misma y común empatía, de comunicación y de valores; acabe con miles de años de superación, cooperación y aprendizaje compartido.

  Tenemos grabado, en lo más profundo de nuestro ser, esa tendencia a “aprender a jugar en equipo”. Nuestra voluntad, haría el resto. La clave de nuestra autonomía personal y colectiva, reside, entre otras cosas, en el aprendizaje de este juego vital, en el que todos, de una u otra forma, participamos.

  No creamos aquellas versiones de nosotros mismos que ponen el foco en el conflicto, la agresividad, el miedo y el odio hacia “el otro”.

  No creamos a aquellos que viven de nuestro miedo, nuestro desconcierto y nuestro odio. Nuestra ignorancia e inconsciencia son su escenario, en el que les gusta lucir de víctimas o salvadores.

  Servicios secretos y medios de “comunicación”: todos escondemos y mostramos, pero, ¿por qué consentimos que nos hagan tanto daño, si no queremos eso de aquellos a los que elegimos y pagamos para justo lo contrario? ¿Por qué les perdonamos lo imperdonable, condenándonos entre nosotros, por las migajas que van dejando? ¿Por qué les permitimos que siembren odio y enfrentamiento con su estupidez, inoperancia y corrupta condición? Y un largo, largísimo etcétera de preguntas, deberían presidir nuestras reflexiones, “opiniones” y “elecciones”, cada día…

  El Mar Menor, la cuestión territorial, nuestra carta constituyente, los derechos y deberes de todos; así como los diversos y fundamentales asuntos que forman parte de nuestra común condición ciudadana y humana; forman parte de nuestra realidad, siempre dinámica, cambiante, actualizable, mejorable y desarrollable… ¿Por qué insistir en algunas opciones, cuando tenemos la capacidad de ampliarlas, reformularlas y ponerlas en práctica, al mismo tiempo que aprendemos de ellas, y de nosotros?   

  Es tiempo de preguntas, de decisiones, de acciones y aprendizajes sobre la marcha.

  No lo malgastemos en viralizar miedos, enfrentamientos e  incomprensiones excluyentes.

  No alimentemos en demasía esas partes de nosotros que nos paralizan y nos hacen cargar sobre el prójimo aquello mismo que no hacemos, decimos o aprendemos en su momento, respecto a otros y a nosotros mismos, como ciudadanos y como humanos: seamos exigentes e inquisidores con aquellos que elegimos y pagamos para que trabajen PARA nosotros. Y ya que ellos se ofrecen a “arreglarnos” la vida, el país o nuestros derechos; que cumplan, y si no pueden, que se vayan; y si no quieren, pues para eso hemos de estar ahí, vigilantes y consecuentes, empezando y terminando por cada uno de nosotros.

 

  Dejémonos en paz, y  “démosle guerra” a aquellos que no cumplen con su trabajo, por el cual los elegimos y pagamos, precisamente.

  Estos “parásitos”, no son la causa de nuestros problemas más relevantes y urgentes, a día de hoy; sino la consecuencia de nuestro descuido, de nuestra falta de vigilancia, responsabilidad y contundencia para con ellos cuando no lo hacen bien o, sencillamente, no hacen.

 

  Así que, ya va siendo hora de nos sacudamos esas “cadenas”, hechas de miedos, incomprensiones, confusiones, incomunicaciones e instintos primarios; y sigamos aprendiendo, de una vez por todas, a salir de los charcos que nosotros mismos nos fabricamos: si somos capaces de meternos, hacerlos y encadenarnos a esa supuesta comodidad; también podremos salir, y montárnoslo de otra forma, más humana…

  Es momento de seguir despertando y reaprendiendo, de movilizarnos y reorganizarnos, de levantarnos y seguir abriendo camino, por nosotros, por los hubieron, y por los que vienen…

 

Os dejamos con la nota de prensa que sobre el Mar Menor y las convocatorias ciudadanas y humanas de movilización hay al respecto…

 

Gracias a todas las personas, colectivos y proyectos que viven y funcionan de manera ejemplar, abriendo, creando y recreando esos necesarios espacios y entornos que, desde dentro, hacen posible ese aprendizaje compartido y colectivo, que tanto merecemos y tanto nos caracteriza, si nos ponemos a ello…

 

 

 

 CIUDADAN@, Y TÚ QUÉ!?..: RECREA TÉ!...

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