Santa Semana
El Latido

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A vueltas con la Iglesia hemos topado amigo Sancho...Seguimos topando y topando, como si nos fuera la vida en ello, que es empezar a hablar de feses y te llueven las aguas desde todos los lados, evidenciando que, para esto, la ley de la gravedad, se torna en ley de la levedad. Las levitaciones se suceden, o al menos, las levitas y puestos a ello; que tal si lo evitas?... (seguir leyendo...)

Antonio Baeza | 20 abr 2019

A vueltas con la Iglesia hemos topado amigo Sancho...Seguimos topando y topando, como si nos fuera la vida en ello, que es empezar a hablar de feses y te llueven las aguas desde todos los lados, evidenciando que, para esto, la ley de la gravedad, se torna en ley de la levedad. Las levitaciones se suceden, o al menos, las levitas y puestos a ello; que tal si lo evitas?

Pero, por más que pongo distancia entre los impertérritos fieles y mi indolencia al respecto, más me persiguen las creencias en seres conformados a la esencia de cada mortal. Y eso que me dijeron que era al contrario.

Miren ustedes, tengo la tangente evasiva tan cerca, que me evado de sus penitentes impertinencias (porque no les pertenecen, mis creencias).

Aquí atado al suelo y al cielo, pendiente siempre del sol, las nubes y el viento; pendiente de que el ruido se torne murmullo arrullador; que cesen las estridencias. No hay tal, hay que topar, y vienen y te topan.

Amparados en el respeto que no muestran hacia nadie, reclaman visibilidad hasta en los infiernos, si existieran (los de los ángeles caídos, que de los otros, ya tenemos una muestra cercana). Cada cual que piense lo que quiera; faltaría más, don Usted!! Y que sienta lo que sienta, no se asiente en donde mi culo siente, más que nada por no clavarle mi osamenta.

Tengamos la fiesta en paz, que no hay paz ni fiesta, que todo está milimétricamente estudiado y acordado y, lo que les duele es que no sigamos su partitura. Miren, nos ha salido atonal!!! No lleva el ritmo!!! Me gustó siempre bailar suelto, darle expresividad a mis movimientos al son de cualquier música; porque la música me ha movido siempre. Lo que no esperaba es que se insistiera siempre en marcar el paso, aún a costa de pisotear los juanetes de la pareja de baile.

La uniformidad no existe, basta con echar un vistazo a la naturaleza, cada cosa que miremos tiene una identidad, algo que la distingue de otra, por muy parecida que sea. A los humanos nos va el tema de la uniformidad, por establecer distinciones, por entrar en la dicotomía del etiquetaje; somos así de simples. Vamos empaquetando todo, desde los primeros pasos, al último aliento, nos gusta sentirnos cómodos y no calentarnos los cascos.

Y vale; dotamos de personalidad a aquello que no es más que un puñado de escayola bien dispuesta, con algo de pintura para darle color, se nos va el alma si la ponemos encima de un pedestal y la hacemos procesionar por nuestras calles. Vale que te suban las consumiciones en los bares, vale que si quieres sentarte tengas que pagar por ello, vale que se te niegue el paso por esas calles, por respeto exigido. Contraste de pareceres, todas pagamos nuestros impuestos; de quién son las calles?

No es la religión algo íntimo?

Bueeeeenooooh! Esto mismo ya es ofender, faltar al respeto, ser un hereje, un delopeor. Pero mis pasos tengo que dirigirlos por caminos que me hacen rodear calles otrora francas (que mal me suena esta palabra); digamos en su lugar abiertas, o libres (que parece todo lo contrario). A ciertas edades, tener que andar con rodeos, es una puñeta añadida.

La Santa Semana, por fin, toca a su fin. Y eso que hemos tenido un domingo de República, en pleno inicio de la Santa, las incongruencias del calendario eclesiástico, a ellos les está permitido.

Nuestras razones siguen siendo las calles, lo público, la justicia social, la igualdad, la solidaridad...Tiramos palante con nuestras reivindicaciones, no nos interesa una falsa fiesta, no nos interesan las falsedades, de gentes que se parten el pecho al son de una saeta y le niegan el pan y la sal a cualquiera que los necesite. Nuestra Semana Santa, no tiene tronos, tiene trinos; nuestra Semana Santa no tiene sudarios, tiene sudores; nuestra Semana Santa no tiene tercios, si no son de cerveza; nuestra Semana Santa no tiene cofradías, tiene hermandad; nuestra Semana Santa no tiene calles cerradas, sino abiertas.

También tenemos acampada de “los sin techo”, a las puertas del Ministerio de Asuntos Sociales en Madrid. Tenemos a las pensionistas en las calles, por las pensiones del presente y del futuro. Tenemos a las personas de la tercera edad que piden mejor asistencia en las residencias. Tenemos una Educación que queremos hacer Inclusiva realmente. Tenemos un ambulatorio que debería ser el Hospital del Rosell. Tenemos hermanas que son asesinadas y nos dejan un vacío imposible de volver a llenar. Tenemos políticos corruptos a los que echar de las instituciones. Tenemos amistades que se nos van para no volver. Tenemos a jóvenes trabajando por una miseria en el extranjero, porque aquí no tienen trabajo. Tenemos un mal reparto de la riqueza que nos deja a la mayoría cercanos a la indigencia. Tenemos de todo, casi nada y de lo que nos sobra es miseria, dolor, injusticia.

Nuestra Semana Santa es cada día; nuestra pasión sale a las calles, cada día; somos escupidos, azotados, maltratados, asesinados, cada día. A lo sumo que aspiramos es a que sigamos siendo invisibles.

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