Semanica
El Latido

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Acabamos de iniciar un año más, como quien da la vuelta a la esquinica del tiempo. Atrás, que no fuera, quedan los recientes acontecimientos que nos han dado más de un revolcón de realidad, de cruda realidad. Para antes de iniciar la segunda semana, ya estamos cabalgando por tierra de molinos, no manchegos, si gigantes. Acercándonos al mar que sabe a sal, sabe a siglos, sabe más que el abuelico que más sabe. Tierras y mares, mares y tierras que se salpican los unos a las otras; las otras y las unas. Las únicas tierras de espartos y esparteros, de soles tenues en ésta época, ansiados por los más viejos del lugar y por los que vienen a buscar nuestro sol desde lejanas y más nórdicas tierras. Mares que son abrazos, y tierras que son de lazo sencillo, de humilde estancia, de noble piel, de huesos curtidos en el castigo perenne. “Ay la sabinica; retorcía como la base que la parió, como su origen. A qué vienes sabinica? Esta tierra no es tu tierra, te dirán los señoritingos de misa domi

Antonio Baeza | 13 ene 2019

Acabamos de iniciar un año más, como quien da la vuelta a la esquinica del tiempo. Atrás, que no fuera, quedan los recientes acontecimientos que nos han dado más de un revolcón de realidad, de cruda realidad. Para antes de iniciar la segunda semana, ya estamos cabalgando por tierra de molinos, no manchegos, si gigantes. Acercándonos al mar que sabe a sal, sabe a siglos, sabe más que el abuelico que más sabe. Tierras y mares, mares y tierras que se salpican los unos a las otras; las otras y las unas. Las únicas tierras de espartos y esparteros, de soles tenues en ésta época, ansiados por los más viejos del lugar y por los que vienen a buscar nuestro sol desde lejanas y más nórdicas tierras. Mares que son abrazos, y tierras que son de lazo sencillo, de humilde estancia, de noble piel, de huesos curtidos en el castigo perenne. “Ay la sabinica; retorcía como la base que la parió, como su origen. A qué vienes sabinica? Esta tierra no es tu tierra, te dirán los señoritingos de misa dominical, secando sus boceras mientras se santiguan. Sabinica sola, sabinica mora, sabinica de Cartagena, de Cartanuestra; siempre fuimos tierra de frontera, desde que se empeñaron en que el mar lo era. La falacia es la justificación del poder, de los poderes que nos atormentan desde el inicio de los tiempos. Pero somos más los que vemos la sabina como es; mezclada en la tierra con sus marrones, pardos, amarillentos o rojizas particularidades, enhebrando el cielo con sus hojitas mínimas; azul y verde luminosos. Cuanto sabes, sabinica de encuentros de mar y tierra, de cielos y horizontes. Y como ignoras las fronteras que sólo existen en las mentes de los hombres.” Ahí anduvimos, casi navegando la costa de La Azohía, después de bajar desde Perín; sol y olas, rocas al sol y las manchitas verdes del invierno, que saben sacar el máximo partido del mínimo de agua que el cielo les aporta. Y esto era lunes; pero puede ser cualquier momento; es suficiente excusa el encuentro, que se dará aunque no lo andes buscando. Las gentes están ahí, dispuestas al saludo, dispuestas a saberse queridas, dispuestas al mimo tan consustancial en los mimíferos. Ya nos habíamos pegado una vuelta ciclista por el casco urbano de Cartagena, la mañana nos recibió fría, como si no quisiera saber de nosotras las gentes cartageneras; pero, poco a poco, se fue tornando cálida; lo mismo, por el sol que aportábamos cada una de nosotras en cada golpe de pedal, en cada grito para reclamar ese espacio vital; el carril bici, rara avis en nuestra ciudad. Si, para poder circular con seguridad, reclamamos ese CARRIL BICI, que nos permita circular sin interrupciones absurdas. No se puede gobernar de espaldas a la realidad de la calle, a la exigencia de La Tierra, nos están sobrando malos humos. En este trayecto también nos acompañó el perseverante “Los Lunes al Sol”; es costumbre de nuestros colectivos RECREA y Ciudadano y tú Qué?, remover las conciencias una vez a la semana, por lo menos; mirar a las personas una a una, detenernos y dialogar, que son tantas las penas que nos unen, como los esfuerzos que vienen dados por mantenernos separados. Y claro que hicimos parada en el Rosell; ese ambulatorio en que lo han convertido, para llenar los bolsillos de unos cuantos, mientras arriesgan la vida de la mayoría de las personas que vivimos en Cartagena. También había que hacer parada en la Asamblea Regional, los políticos son gente olvidadiza, por los muchos asuntos con que tienen que lidiar a diario; bueno es recordarles que las bicis están ahí y que merecen un respeto. Tenemos que agradecer el buen talante de los conductores a lo largo de todos nuestros desplazamientos; las bicis tienen sus tiempos, los de los automóviles, son otros tiempos; conjugarlos, no siempre es fácil. La semanica no había hecho más que empezar y teníamos las pilas agotadas; pero se recargan con abrazos, con encuentros, con los buenos deseos de amigas y amigos. De todo ésto tuvimos cantidad y calidad durante la semana, así que seguimos el paso y tomamos aliento. Venimos a acabar, por no hacernos pesados en el día del viernes. El primer acto programado era el ensayo de teatro, la obra debería titularse “Aquí no para nadie”, si la situamos en el contexto del presente texto; la variación, al fin y al cabo, es en una sola letra. Y por fin, después de variados intentos, conseguimos reunir al grupo de RECREA, no están los tiempos para reuniones, con lo que se agradece mucho más poder departir con gente afín. A pesar de las bajas obligadas, pudimos vernos las caras 12 personas y poner los mimbres para seguir tejiendo el cesto de nuestros frutos. Hicimos el esfuerzo de ver muchas cosas en poco tiempo; la necesidad manda. A pesar de todo, no nos alargamos en demasía, tocamos casi todos los temas a una velocidad de vértigo y dimos paso a la relajación tras la explosión de ideas y acciones propuestas. La velada resultó muy productiva y muy festiva; (Gracias Cinta por ese líquido que nos hiciste llegar y del que quedó el recipiente). Nos gusta acabar con buen sabor de boca y ese licorcillo nos vino de perlas. Gracias a todas las personas que pedalearon, las que nos dedicaron su sonrisa o sus palabras amables, a los abrazos, a las atenciones que recibimos en lugares insospechados. Gracias porque hay un bullir constante en el fondo, un movimiento apenas perceptible en la superficie, pero moverse, se mueve.

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